Jueves, 29 Enero 2026
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Francisco Pomares

Francisco Pomares

 

El Parlamento de Canarias aprobó la tramitación de una nueva ley de la Radio Televisión Canaria. Y van unas cuantas. Que se tenga que reformar de nuevo la norma que regula su principal medio público es síntoma de un fracaso político sostenido en el tiempo. Pero lo verdaderamente llamativo del pleno fue el coro de lamentos de quienes durante años hicieron exactamente lo contrario de lo que hoy dicen defender. Por eso, las críticas del PSOE y de Nueva Canarias dieron un poquito de grima. Porque la tele canaria no había conocido en su historia una manipulación informativa tan sistemática, ni una utilización tan espuria de sus recursos, como durante el Pacto de las Flores. Que al frente de esa instrumentalización estuviera un periodista como Paco Moreno no cambia el hecho esencial: la tele pública fue convertida en un instrumento político sin control alguno.

 

El pleno rechazó ayer las enmiendas a la totalidad presentadas por socialistas y canaristas y la nueva ley de la tele superó sin problemas su primera prueba parlamentaria. El Gobierno presentó el proyecto como una respuesta a más de una década de bloqueo institucional y explicó que la norma pretende poner fin a la provisionalidad crónica que convirtió la excepción en regla. Se recordó, además, el fracaso del modelo previo, incapaz durante más de diez años de activar la Junta de Control.

 

Por supuesto, la oposición califico de “retroceso democrático” y de “concentración excesiva de poder”, lo que se quiere hacer. La socialista Nira Fierro criticó la tramitación urgente del proyecto, así como el refuerzo del papel del director general, en detrimento del Parlamento. Desde Nueva Canarias, Carmen Hernández calificó la norma de antidemocrática y cuestionó que sirva para desbloquear la situación, argumentando que reproduce el problema al concentrar la gestión en una figura designada por el Ejecutivo y resta peso a la Junta de Control.

 

Las argumentaciones de Fierro y Hernández no se sostienen: la modificación de la ley actual es consecuencia –precisamente- del bloqueo sucesivos sistemático del Pacto de las Flores a la Junta de Control, permitiendo así que el anterior director del ente, Paco Moreno, pudiera campar a sus anchas, multiplicando el gasto de la tele, y favoreciendo a empresas ideológicamente cercanas al Gobierno de Torres.

 

La incapacidad del Parlamento para elegir una junta –el PSOE votó hasta cuatro veces contra sus propios candidatos para impedirlo- permitió que la tele regional fuera dirigida sin control alguno por Moreno, siempre obediente a las instrucciones de Román Rodríguez, su jefe directo. Tras la caída del Gobierno floral, Moreno huyó precipitadamente de la tele canaria a refugiarse en la dirección de los Informativos de Tele 5, dejando a su equipo tirado. Moreno había accedido a su cargo de forma provisional y comprometiéndose ante la Cámara a asumir el carácter excepcional de su mandato. Lo cierto es que ni él ni el Gobierno canario tuvieron luego interés alguno en que acabar con la excepcionalidad, iniciada en junio de 2018 con el nombramiento de José Carlos Naranjo. Esa solución provisional pretendía resolver el desastre de un Consejo Rector diseñado para controlar los excesos que llevaron a Willy García a los tribunales. El nombramiento de Naranjo debía durar solo hasta que se produjeran –como ocurrió- los cambios necesarios en la ley de radio televisión para que la televisión pudiera funcionar con normalidad y garantías de independencia del poder ejecutivo. Naranjo hizo lo que realmente se esperaba de él –repartir un montón de dinero a las productoras- y cuando entró el nuevo Gobierno, fue sustituido por Moreno, que ya había sido director de la tele durante el mandato presidencial de Román. En su reelección como mandamás catódico regional, Moreno demostró su habilidad para muñir apoyos y logró el de todo el Parlamento, con la excepción de los diputados de Ciudadanos. En menos de un año, y a pesar de algunos errores de bulto -como la celebración de un ágape para celebrarse a sí mismo o la manipulación descarada del concurso para la Jefatura de Informativos, en la que colocó a su protegida frente al ganador, Juan García Lujan-, Moreno convirtió la tele en un instrumento perfectamente afinado, en el que solo de vez en cuando se producían situaciones extrañas: que un periodista le faltara el respeto a una política de derechas hablando del tamaño de su cerebro; que el propio administrador único entrevistara sin pudor alguno al presidente del Gobierno que le nombró, como si no hubiera periodistas por ahí cerca; o que el Parlamento validara un decreto otorgando al señor Moreno la potestad de pasarse por el arco de triunfo la ley de contratos del Estado. No me lo invento: lo denunció el Consejo Consultivo, en un informe absolutamente demoledor.

 

Han pasado ya dos años desde que Moreno huyó de la tele y de su equipo, y ya va siendo hora de acabar con la administración única sin control, de aplicar la ley, de elegir la Junta, y de hacer que la tele se convierta en una organización que ayude a vertebrar la sociedad insular y no siga siendo un instrumento al servicio exclusivo del que manda.

 

Ojalá ocurra. Será la primera vez.


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