Martes, 07 Abril 2026
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Antonio Salazar

 

El éxito propagandístico del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife es innegable. Ha conseguido persuadir a los ciudadanos, con la inestimable colaboración de una entregada prensa, que ha cerrado un acuerdo muy beneficioso para todos que pasa por el abandono de la refinería de Santa Cruz. ¡Una tomadura de pelo!. Esta actividad, iniciada hace 88 años, no se va por voluntad propia sino por el hostigamiento, el ataque a los derechos de propiedad y el nulo respeto a los contratos privados de una administración que, hace ya décadas, decidió empujar la actividad de refino fuera de la capital. Usando arteras maniobras, la más de las veces simulando o exagerando riesgos para la salud, consiguió cumplir uno de los elementos básicos de cualquier político de medio pelo que se precie, señalar a la sociedad a quién se debe odiar. La refinería tuvo poca defensa, por orfandad o por errores de comunicación la más de las veces, con lo que el fin era tan solo cuestión de tiempo.

 


Pero, si está todo el mundo contento, ¿cuál es la objeción? tendrán todo el derecho a objetar ante la lectura de estas líneas. Como diría Jack el Destripador, vayamos por partes.
La Refinería tuvo siempre un valor estratégico para la ciudad, su sola instalación atrajo a las islas empresas tan importantes como UNELCO o creó otras grandes como DISA. Nacida en Tenerife, hoy CEPSA es una multinacional, algo nada frecuente. Provocó que la Facultad de Químicas de la Universidad de La Laguna no corriera la misma suerte que el resto, mientras en la península se excluía a los estudiantes de aquel centro académico en otras áreas, los de químicas estaban muy considerados. La transferencia de conocimiento fue, por tanto, muy importante mas no tan visible como habría sido de desear. Antes de que la función pública o la política corrompiera buena parte de nuestros valores, los padres soñaban -y formaban con ese fin- con que los hijos terminasen trabajando en CEPSA, Cajacanarias o en la Compañía Cervecera de Canarias, donde los convenios eran realmente mejores que el resto. Luego ya no, luego dejó de ser importante la formación para ser sustituida por la carrera en la política, donde los contactos suplen cualquier carencia y, visto está, permite vivir opíparamente desde la cuna hasta la tumba.

 


Los mismos políticos que han matado la última actividad industrial de la capital, por cierto, siempre la mejor retribuida y con la más exigente formación, son aquellos que hablan sistemáticamente de cambiar el modelo productivo de las Islas. Parten de una premisa falsa, claro está, que ellos son capaces de fijar las actividades y sectores que tendrán demanda en el futuro y a ello aplicarse impulsando determinadas políticas. Y todo termina con un plan urbanístico donde hacer hoteles, ¿qué tal?. Cambiaremos elevados salarios con unos determinados niveles de formación por otros radicalmente inferiores porque, sencillamente, este debe ser el nuevo modelo productivo.

 


En vez de ser motivo de alegría, es una lástima perder esta actividad señera y por los motivos equivocados. Mucho menos aceptar que unos vividores de los impuestos que abnegadamente pagamos los obligados ciudadanos saquen pecho por aquello de lo que deberían sentir vergüenza. Es probable que las condiciones de mercado futuro hagan prescindible el refino de crudo pero no es lo mismo asumir este daño natural que el acuchillamiento de la actividad por quienes se dicen defensores de los ciudadanos. No conviene olvidar, en todo caso, que estos mismos sujetos son quienes decían en su día que la refinería no se iría aunque la hostigasen, que se instalaría en el Sur de la Isla. Flaca memoria tenemos. Pero, con todo, puede ser peor; quien ha sido incapaz de cumplir una promesa tan aparentemente simple como la de construir un carril bici se presenta ahora como el campeón de la planificación y ejecución, con un proyecto de más de medio millón de metros cuadrados. Los políticos, una vez más, nos demuestran que no pueden enriquecernos pero, y he ahí el problema, pueden hacernos todavía más pobres y lo que sabemos seguro es que a la refinería la echan pero no está claro lo que vendrá.


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