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La salida

Por Francisco Pomares

Publicado en El Día



Es predicar en el desierto, pero al menos supone un ejercicio de cierta coherencia generacional: los diputados supervivientes de las Constituyentes del 78 han firmado un manifiesto en el que muestran su preocupación por la situación política y piden un gran acuerdo entre partidos constitucionalistas que facilite una salida viable al actual atasco político: un Gobierno que no dependa de quienes no aceptan la vigencia de la Constitución y quieren abolirla por procedimientos "ilegales o ilegítimos". Entre los firmantes se encuentran Alfonso Guerra, el exministro del PP José Manuel García-Margallo, y el expresidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Los firmantes, a los que se han sumado en Canarias Jerónimo Saavedra, José Miguel Bravo de Laguna, Diego Cambreleng, Esther Tellado, Luis Fajardo y Alfonso Soriano, alertan sobre la bipolarización ideológica actual, y recuerdan que la Constitución de 1978 fue posible gracias a la capacidad de compromiso y renuncia de quienes representaban entonces a la sociedad española, a los partidos y sus líderes, que supieron interpretar la voluntad social de acuerdo y entendimiento, tras cuarenta años de régimen dictatorial.

 

Cuarenta años después, años de paz, progreso y avances, los constitucionalistas piden un nuevo compromiso para fortalecer la unidad de la nación y la convivencia democrática. Los constituyentes creen que ese acuerdo se materializaría mediante la elección de un Gobierno con gran respaldo social y parlamentario y "firmemente fundamentado" en la Constitución. Las fórmulas son múltiples, desde un Gobierno de gran coalición entre el PSOE y el PP, respaldado por las fuerzas nacionalistas y regionalistas, hasta un Gobierno en minoría de Sánchez, con apoyo de los partidos regionalistas y la abstención del PP y Ciudadanos, a cambio del compromiso de negociar conjuntamente los presupuestos y actuar de acuerdo en cuatro o cinco grandes asuntos, que ni la izquierda ni la derecha podrían resolver en solitario: el problema territorial, el pacto sobre violencia de género, la reforma del sistema de pensiones, acuerdos para afrontar la futura recesión?

 

La primera opción es complicada: ni las bases de los partidos ni la sociedad española parecen apostar por un acuerdo de gran coalición, que -por otro lado. No quieren los nuevos líderes, temerosos del impacto que esa decisión provocaría en su electorado. Más viable parece una abstención del PP y quizá de Ciudadanos, un partido que no parece haber entendido que debe redefinir sus políticas si quiere seguir existiendo. El PSOE ya asumió -contra el criterio de Sánchez- ese sacrificio y permitió la investidura de Rajoy. No se equivocaron al hacerlo. Se equivocaron al no condicionar su apoyo a un catálogo de reformas concretas. Y se equivocaron todavía más forzando una moción de censura que ha atascado al país en políticas aventureras y nos ha colocado en riesgo de que los independentistas catalanes determinen la política del gobierno de la nación en relación con Cataluña.

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