La sobresaliente sanidad española
Por Álex Solar
La prestigiosa publicación médica TheLancet ha publicado un informe, financiado por una fundación de la poderosa familia Gates, de Windows, que sitúa a la sanidad española en el octavo lugar, un “sobresaliente” de acuerdo a los estándares, dentro de una muestra de 195 países y territorios en un período que abarca desde 1990 a 2015. Se basa en la mortalidad de 32 enfermedades y tiene en cuenta factores como la vacunación, la atención pos parto o neo natal o la cobertura de sanidad universal.
En estos últimos veinticinco años, la sanidad española ha aumentado 15 puntos, superando a países de su entorno, como Italia (89), Francia (88) y Alemania (86). España alcanza sus cotas más altas (100) debido al tratamiento del sarampión, la difteria o el tétanos, y el parto, el tratamiento neonatal y las infecciones respiratorias. Suspende, en cambio, en el cáncer de piel sin melanoma, las enfermedades biliares, leucemia y linfoma de Hodkin. China, Corea del Sur y Turquía, tradicionalmente situadas entre las peores de la clase, son las que más han mejorado. Las peor paradas son el África subsahariana, el sur de Asia , la República Centroafricana, Guinea Bissau, Afganistán, Somalía y Haití, entre otras. Como nota curiosa, la mejor calidad sanitaria no se encuentra en países de PIB grandioso, ni de gran tamaño, como EEUU, sino en pequeños como Suiza, Islandia o Andorra.
Los criterios para evaluar el nivel sanitario de los países han variado, ya que anteriormente se basaba en el análisis de los países con mayores ingresos y ahora se hace del tratamiento de enfermedades cuya mortalidad está asegurada sin el debido tratamiento médico, entre otros parámetros e índices variados y complejos.
Como me suele suceder ante encuestas, sondeos o estudios, me rechinan la cifras cuando las comparo con la cruda realidad de mi experiencia personal. O soy muy subjetivo, o muy ignorante y no entiendo o no doy con la correcta interpretación, como me pasa con la macroeconomía y las cifras boyantes del crecimiento español.
Pasé muchos años acudiendo a urgencias hospitalarias por un dolor biliar. Muchos años también perdí en rehabilitaciones inútiles por un dolor de hombro. La solución fue finalmente el quirófano, esa parte tan secreta y esquiva del sistema que la administración sanitaria nos niega o nos da a cuentagotas con tacañería criminal. En estos meses pasados he contemplado el vía crucis de una persona cercana, paciente oncológica a la espera de una operación que no llegaba por un problema de falta de equipos en el Molina Orosa. Se dan casos de mala praxis, pero ay, el corporativismo maneja bien la mordaza. Ojalá las asociaciones de defensa y apoyo al paciente fueran más efectivas, pero tengo serias dudas.
En mi hospital más cercano en Alicante las listas de espera para especialidades superan los seis meses y para rehabilitación son aún mayores. Los galenos no tienen complejos en recomendar a los pacientes que se abstengan de esperar y busquen otras soluciones. Yo he optado por el seguro privado, que me dio la solución que no tuve en Lanzarote para una esperada artroscopia y para exploraciones radiológicas, TAC y otras a causa de un accidente, aquí.