Lanzarote, golpeada por la sinrazón

Por Antonio Coll
Es muy posible que con cuando se publique esta entrega, la huelga controvertida de los empleados públicos de los Centros Turísticos haya sido desconvocada por la cúpula del comité de empresa. El 15 de agosto fue el inicio de paralizar la actividad en los emblemáticos Centros Turísticos del Cabildo de Lanzarote, por parte del órgano representativo sindical, por causas aún no muy bien aclaradas que ha provocado mucha confusión y sobre todo sorpresa, a sabiendas que “las condiciones laborales de los trabajadores superan potencialmente los convenios laborales de la hostelería y restauración en la Comunidad Autónoma de Canarias”, según las organizaciones empresariales y económicas de Lanzarote, representadas por AETUR, CEL ASOLAN, Cooperativa de Taxis de Arrecife, Asociación de Guías Turísticos y Cámara de Comercio. Por otro lado, un alto número de ciudadanos de la sociedad se preguntan si las reivindicaciones e intereses profesionales que ha exigido el comité de huelga tienen peso suficiente para haber llegado a una situación muy negativa para la imagen de la marca Lanzarote y los perjuicios económicos que han provocado pérdidas millonarias al Cabildo de Lanzarote, sobre todo en la recaudación en ventas de entradas y artículos de la red de tiendas. Y, naturalmente, a los autónomos y empresas, cuya actividad está relacionada con los Centros. No se ha comprendido tampoco la negativa del comité de empresa a la solicitud de la dirección de atender tareas básicas de limpieza, cuidados y mantenimiento” que requiere unos espacios muy singulares y sensibles como los Centros. Las organizaciones empresariales han catalogado la huelga como “agresiva”, por no decir de “salvaje”.
Aunque se desconvoque la huelga, tras el último Consejo de Administración de los CACT,s, donde se ha ofrecido nuevas propuestas a los representantes de los trabajadores, la vulnerabilidad del ente público del Cabildo seguirá vigente si no se plantean cambios profundos en el modelo de explotación, sobre todo en el ámbito del personal de bares y restaurantes. Porque una cuestión es garantizar los derechos laborales y otra que los Centros estén expuestos permanentemente a las reclamaciones dinerales, en su mayoría exageradas, por parte de un colectivo, calificado de “elitista” por los privilegios concedidos por los gobernantes de turno del Cabildo. No podemos olvidar que los Centros Turísticos son patrimonio de todos los lanzaroteños y las riquezas que emanan de su actividad se deben invertir en beneficio de toda la sociedad lanzaroteña.
Por ahora han sido nueve días de huelga, cuando escribo este artículo, y en unas fechas muy altas de visitantes canarios, españoles y extranjeros. El daño económico a la isla aún no podemos cuantificarlo pero se habla de cifras cercanas a los dos millones de euros, incluyendo sectores privados relacionados con la actividad de los Centros. Vuelvo a repetir que si no se edifica un nuevo modelo de explotación, a través de un concurso público con la participación de la iniciativa privada, adaptada s los tiempos que vivimos, la situación de los Centros vaticino que continuaran con la inestabilidad e incertidumbre de antaño. Y no podemos permitir que unos pilares de la economía de Lanzarote estén en manos, permanentemente, de un colectivo que posee un potente convenio laboral y unos privilegios que no tienen trabajadores del mismo ramo, en la empresa privada. Yo comprendo que el Cabildo se enfrenta a retos difíciles y difícilmente realizables, pero, al menos, se debe intentar. Porque si no se emprende una estrategia sólida y convincente, el problema siempre dependerá de las formaciones políticas que gobiernen la primera institución de la isla. Y ya la experiencia confirma los vaivenes de la clase política y sus actuaciones contrarias a los intereses generales de la administración pública insular. Generalmente por estrategia electoral.
En definitiva, una vez más, Lanzarote ha sido golpeada por la sinrazón, cercana a la barbarie. El crecimiento de la llegada de turistas y la superación paulatina de la crisis económica no puede verse empañada por una huelga, a todas luces, contradictoria, prepotente y confusa.