Lunes, 06 Abril 2026
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Francisco J. CHAVANEL

 

La batalla electoral en toda España se fundamenta en bloques o bien de derechas o bien de izquierdas.

 

Sin embargo, en Canarias, el líder de PP, Asier Antona, alimenta una idea especial. Para él no existe línea roja alguna que le impida pactar con el PSOE de Ángel Víctor Torres, incluso aportando sus votos y sus parlamentarios para hacerlo presidente. Parece no importarle que Torres estará acompañado en su hipotético gobierno por NC y Podemos, cuya ideología nada tiene que ver con los populares.

 

Sostiene Antona que después de 25 años de gobierno, CC merece un descanso. A cualquier precio. Sin líneas rojas. Diga lo que diga su partido en Madrid.

 

¿Qué le ocurre a Antona, con ese particular discurso, tan contrario a los postulados por Pablo Casado y de su equipo? Quizá haya que observarlo como un fenómeno nacido en La Palma, la isla donde el líder del PP se crió y creció, observando el poder omnímodo de API, la manera de concebirlo y de ejecutarlo por Antonio Castro Cordóbez y su gente, casi como un cacique celestial procedente de otros tiempos, con control absoluto de las listas electorales, la de los suyos y, sobre todo, de sus oponentes, algunos de los cuales resultaron amenazados para que cambiaran de bando. Antona existe desde la reacción y desde la venganza. Todos sus objetivos pasan por lo mismo: enviar a CC a la oposición;se lo ha jurado a sí mismo.

 

Pero ocurre que el PP es naturaleza pétrea que no permite pensamientos propios en ninguno de sus líderes regionales. Hace unos díasAntona recibió consejos y advertencias por parte de Teodoro López Egea, responsable de “asuntos internos”. En Madrid están con la mosca en la oreja porque, entre otras cuestiones circunstanciales, el hombre fuerte del partido en temas electorales es Guillermo Mariscal, natural de Las Palmas de Gran Canaria, y hombre clave en el equipo de Casado.

 

Y Mariscal está que fuma en pipa. No le gusta que Antona no tenga líneas rojas con el PSOE y sí con el CC, pues entiende como disparate lanzar el mensaje a los electores de derechas de que ellos, después del recuento de votos, harán a un socialista presidente de Canarias. Es confesarse perdedoresantes de empezar la carrera. Para Mariscal lo que tiene que hacer Antona es obtener el mayor número posible de escaños en el bloque de derechas y desde ahí tratar de erigirse como presidente del Gobierno.

 

Queda claro: nada de dobletes ni de independientes presidiendo listas, ni gestos de debilidad que generen la impresión de que no se va a ganar. Antona se la juega la noche del 26 de mayo. Si sigue en este plan, sin resolver sus traumas adolescentes, y los resultados no le acompañan, huele a muerto.


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