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Los sapos de Pedro Sánchez

Por Francisco Pomares

Publicado en El Día

 


El Consejo Nacional de Esquerra apoyó ayer por amplia mayoría el acuerdo entre socialistas y republicanos que permitirá la investidura de Pedro Sánchez en la segunda votación. Tal y como se filtró el miércoles, el pacto entre ambos partidos establece la creación de una mesa de negociación bilateral entre el Gobierno de España y el de Cataluña, que se pondrá en marcha a las dos semanas de constituirse el nuevo Ejecutivo nacional, y cuyos resultados deberán ser ratificados por los catalanes en una consulta refrendaria. Sánchez garantiza su investidura tragándose tres sapos: el primero, el de un acuerdo político con Esquerra que negó categóricamente con aquel ya archifamoso "no es no, y nunca es nunca". El segundo, la convocatoria de una mesa extraparlamentaria, de "Gobierno a Gobierno", que tanto el propio Sánchez como el PSOE negaron reiteradamente pudiera llegar a producirse. Y la tercera, la convocatoria de un referéndum "sobre el resultado de las negociaciones", un artificio intencionadamente confuso, que el PSOE aseguró que "jamás jamás jamás" permitiría pudiera producirse.

 

Pero la cuestión no es ahora qué cantidad de vaselina pueden llegar a tolerar tanto Sánchez como los dirigentes del PSOE y los barones socialistas. La cuestión es que Sánchez legitima con la aceptación de las condiciones independentistas el 'procés', alienta el desafío secesionista y desarma la capacidad de respuesta del Estado a ese desafío. Es cierto que el último objetivo de Esquerra, la independencia, aún está lejos de poder materializarse como resultado de este suicida juego a la ruleta rusa, pero las concesiones sanchistas al independentismo quedan perfectamente recogidas en el documento de un acuerdo entre partidos que -cuando menos- legitima el 'procés', abre la puerta al indulto de los presos y cede soberanía nacional a cambio de una abstención que haga posible la investidura.


Si Sánchez se decide a explicar a la nación qué espera de este acuerdo, dirá seguramente que con él se encarrila el diálogo. Pero el diálogo es una entelequia, cuando una de las partes ya ha dicho que sólo existe una dirección hacia la que avanzar, que es la imposición de la independencia a la mitad de los catalanes y a la inmensa mayoría de los españoles. Sánchez "ha hecho política" muchas otras veces con sus pomposas promesas y declaraciones, pero esto no es ya lo mismo: la democracia no es sólo un compendio de estratagemas para llegar al poder y mantenerse en él, la democracia es también gobernar dando valor a los compromisos contraídos, respetar las leyes y proteger a las minorías del abuso de la mayoría. Si Sánchez vuelve a actuar -como nos tiene acostumbrados desde la moción de censura- pensando sólo en evitar que su trasero salga de Moncloa, si lo que pretende es conseguir la investidura y luego vaciar de todo contenido el diálogo bilateral entre su Gobierno y la Generalidad y aparcar la consulta que ha prometido, a cambio de la abstención, alimentará -y con razón- la rabia y el rencor de quienes -desde el bando de la independencia- han pactado con él. Y si no lo hace, los tres batracios que ahora se ha tragado se multiplicarán por docenas y acabarán él y los suyos con tal empacho de sapos, que el PSOE perderá toda credibilidad como partido nacional. Y eso será otro drama para la democracia española.

 

Nunca en nuestra historia, ningún político había mercado con tanta ligereza algo tan importante como la cohesión política, social y territorial del país, por algo de tan efímero valor como un Gobierno con escasísimas posibilidades de gobernar más allá de la investidura.

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