Jueves, 16 Abril 2026
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Antonio Salazar

 

Canarias debe diversificar su economía, se nos repite. Aunque es un posicionamiento loable, se obvian las consecuencias positivas que ha conllevado una determinada especialización en un sector con una demanda constante en la ultima media centuria. Ahora que aparecen nubarrones en el horizonte, se redoblan los esfuerzos para persuadirnos de la necesidad de no tener tan concentrada nuestra actividad económica.

 

Lo gracioso es que no hay que convencer a nadie, todos somos conscientes de que tal cosa sería deseable. El problema, sobre el que conviene estar prevenido, es que esa afirmación lleva implícita una conclusión falsa: si no nos hemos diversificado ha sido por ceguera gubernamental o por ausencia de liderazgo político para conseguirlo. Nada más lejos de la realidad, un sector no se desarrolla por la implicación de los burócratas o intervencionistas de toda laya, se hace en base a una ciudadanía genuinamente emprendedora que aproveche, mediante ensayo y error, las oportunidades que vayan surgiendo. Unas veces acertarán, las más se equivocaran porque, si algo sabemos después de siglos de evolución, es que el éxito es la cara de una moneda en la que también figura el fracaso. No hay fórmulas milagrosas ni resulta socialmente deseable que aquellos negocios que no logran satisfacer las necesidades elementales de sus clientes, sean salvados por la mano bien visible del gobierno mediante subvenciones explicadas en algún bien común que, normalmente, es una excusa para favorecer a conmilitones. Por eso se necesita mucha menos burocracia e intervencionismo y más creatividad empresarial, menos estado y más mercado. Eso no es “barra libre”, es solo no impedir cualquier iniciativa.

 

Viene esto a cuento porque hemos vuelto a tener debate sobre la conveniencia o no de instalar un macro telescopio en la Isla de La Palma. Los argumentos resultan conocidos, de un lado y por parte de los grupos más radicales y movilizados, apelando a un supuesto impacto ambiental que debe impedir alterar el territorio, lo que de haberse aplicado a lo largo de la historia nos habría mantenido en la caverna. El otro argumento es que los puestos de trabajo no serán para los canarios, pasando por alto que la transferencia de conocimiento por parte de profesionales valiosos abonarán el terreno para futuros científicos nacidos aquí. Sin contar el atractivo de la presencia de trabajadores de rentas altas, escasos en las Islas. Es decir, los hechos por un lado y los discursos por el otro, sin explicarnos qué tipo de ocupación es la que desean para los canarios del futuro. No es sencillo obtenerlo, pese a inquirirlo con frecuencia, más allá de aquella ocurrencia de un medio de comunicación que planteaba la bondad de iniciativas como la del Programa de Alimentos de Naciones Unidas. Y es que nos quieren convertir en una muy gubernamental ONG.


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