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Por Guillermo Uruñuela
Llevo algún tiempo pensando en el tema del artículo que se me exige mensualmente para esta publicación. Tenía decidida la idea central, incluso de manera inapropiada, había seleccionado el título ("Los monos están contentos porque llegaron las monas"); un encabezamiento que me serviría de guía a lo largo del escrito. Consideraba que sería interesante, de rabiosa actualidad y válido para generar el debate que se le presupone. Pero uno cuando va dejando primaveras a la espalda, no sé si se convierte en un hombre más sabio pero seguro que en uno algo más prudente. Por eso, tras hablar con una persona extremadamente lúcida, decidí declinar la opción de redactarlo por ser un tanto delicado en este momento y no sé si poseeré la capacidad de expresar lo que pienso sin llevar a equívocos.
Sin embargo, el argumento inicial me ha servido para desviar el rumbo ligeramente. Todo en esta vida tiene un origen y unas consecuencias (causa-efecto). Los males del hoy, seguramente, respondan a los errores del pasado.
La gente en estos momentos se pronuncia, se manifiesta y debate sobre la prisión permanente revisable. Sobre el castigo que merecen algunos malnacidos en función del delito cometido. Y pienso que de vez en cuando está bien alzar la voz para hacerse oír pero ahí no radica el problema.
"Qué suerte tengo de poseer poco porque qué difícil es decir 'no' a un hijo"
Los casos de bullying, de maltrato, de violaciones, de muerte y horror se están convirtiendo en una epidemia en expansión. Pero la cura ante semejante barbarie, no está en la prisión, en las penas o en las concentraciones. El antídoto tiene únicamente un tiempo y un espacio. Todo aquello que no hayamos sido capaces de erradicar en edades tempranas como padres, como maestros o como miembros de una sociedad que vive en libertad no habrá castigo que lo pueda reconducir.
Los problemas actuales no podrán ser resueltos en la fecha que se desarrollan pero sí tenemos la capacidad de poner freno a las violaciones, a las muertes y a los suicidios de críos que ocurrirán mañana. Sólo hay un momento en la vida de enderezar el rumbo y una fórmula; la educación. Por eso los esfuerzos de los que viven de la política y de los políticos vividores se deberían centrar en invertir todos los recursos posibles, y los que no también, para fortalecer el músculo educativo en nuestro país que por momentos presenta síntomas de fatiga. Además, lo aprendido en casa será esencial.
"Qué suerte tengo de poseer poco porque qué difícil es decir 'no' a un hijo" decía mi bisabuelo paterno. Esta frase magistral explica el inicio de casi todos los problemas sociales, convirtiéndonos a los padres en algunas ocasiones, sin saberlo, en cómplices de un delito aún por cometer porque qué difícil es decir, a tiempo, 'no' a un hijo.