No estamos bien

Mar Arias Couce
No, no estamos bien. Yo no sé si es la comida llena de plásticos, si son las redes sociales y su exceso de información, o es el estrés en todas sus formas, pero bien, no estamos.
No hay más que echar un vistazo a las noticias de la semana. Un hombre perseguía con un hacha a una ambulancia, alarmando a todo el vecindario como es normal. Imagínense estar tan tranquilo en tu casa y ver a un vecino emulando a Jack Nicolson en El Resplandor. Por otro lado, algunos motoristas se dedican a hacer carreras por el norte de la isla a 200 por hora, y encima lo graban y lo suben a sus redes sociales… por si la autoridad necesita más pistas, será… Los pirómanos se dedican, día sí y día también, a quemar lo que pillen en su camino, ya sea contenedores que pagamos todos, o coches que tiene que pagar el pobre dueño que no ha hecho nada para merecer tal castigo.
A nivel nacional la política sigue con sus cantinelas de siempre, la oposición vociferando y el gobierno como si no fuera con ellos la cosa. A nivel internacional, mejor no hablamos porque Trump ha llegado para romper con todas las formas y con la lógica, en general. Se ha convertido en el azote de la economía mundial y hasta quienes le han votado, se deben estar preguntando si lo de la subida de los alimentos y los combustibles lo dijo en algún momento en sus mítines electorales y ellos no estuvieron atentos.
¿Los motivos? Normalizamos la ansiedad, nos desahogamos en stories y pasamos página. Tenemos prisa para todo, todo es urgente e irrelevante a la vez. La empatía no está, ni se la espera. Nadie escucha, sólo se espera el turno para dar la opinión propia que, en el fondo, es la única que nos importa. Y el ruido, coches, móviles, noticias en diez segundos, vídeos virales… el cerebro no descansa, la exposición es constante, si algo me pasa, tengo que subirlo a redes. No basta con hacer una locura, tengo que enseñarla y que la gente vea, por ejemplo, que voy a doscientos por la carretera, en el capó del coche o que salto por un risco mientras hago el pino. Los adultos se comportan como niños y no dudan en hacer lo que les apetece, sin pensar en las consecuencias. Las noticias serias duran lo mismo en los medios de comunicación que los memes, hoy interesan, mañana nadie las recuerda.
La consecuencia de todo esto es un agotamiento progresivo que nos lleva a tomar suplementos alimenticios para aguantar un ritmo que, en realidad, nadie nos obliga a seguir… pero ahí vamos, como si repartiéramos premios. Y claro, entre pastillas, prisas y vídeos virales, uno ya no sabe si necesita vacaciones, terapia… o que nos apaguen y nos vuelvan a encender. Porque no sé si se nos está yendo de las manos, pero lo que está claro es que aquí hay más gente funcionando en modo avión… sin avión.