Miércoles, 29 Abril 2026
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Por Antonio Coll

 

La vida cotidiana inicia su normalidad en Lanzarote y otras islas, una vez comprobado los parámetros muy bajos de contagios. Yo me alegro que la actividad económica, paulatinamente, regrese por el bien de todos, pero la vuelta a la normalidad, exige, por supuesto, continuar con las medidas de seguridad, y se apela a la responsabilidad de  todos en no relajarse, porque la circulación de personas en la calle y el contacto social,  permanece el riesgo de potenciales contagios, con el peligro de nuevo de desbordar el sistema sanitario y volver al confinamiento. El optimismo es bueno y aconsejable,  pero saltarse las recomendaciones de las autoridades sanitarias, como he podido comprobar in situ, es una gran irresponsabilidad por parte de aquellos ciudadanos que se saltan las reglas preventivas.

 

El histórico político socialista, Manuel Medina, me envía un mensaje del exterior y comparto el contenido: “Lanzarote es un oasis en medio de la pandemia. Espero volver pronto”.  Y lo dice una persona autorizada porque conoce perfectamente lo que ocurre en otros lugares de la Unión Europea. Un buen slogan para que el propio Cabildo de Lanzarote lo utilice en sus campañas de promoción de la isla. La esperanza está ahora puesta en que los hoteles puedan abrir para de nuevo acoger al turismo internacional. De momento,  los aeropuertos de Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria  y Tenerife Sur ya pueden recibir vuelos comerciales y espero que,  a corto plazo, lo hagan los vuelos turísticos. Me consta que los potenciales fieles de turistas nacionales y europeos,  están deseando descansar en Lanzarote y otras islas canarias, cara a la temporada de verano. Es un oasis para ellos. Esperar al descubrimiento de una vacuna, como pregonan algunos es ilusorio. El mismo Catedrático  de Epidemiología, el español Miguel Hernán,  en la Universidad de Harvard (EE.UU.) que regresó a España hace dos meses para formar parte de varios estudios sobre el coronavirus junto al Ministerio de Sanidad, declaró para el periódico digital  www.ethic.es  que  “Tener una vacuna en un año o año y medio sería un récord histórico . No es imposible,  pero la experiencia en vacunas anteriores nos demuestra otra cosa”.  El mismo científico español aclara con mucha nitidez, que “nos enfrentamos a un virus nuevo al que nunca antes se había enfrentado la humanidad”.  En el trasfondo de  sus palabras percibo que el optimismo, para un experto científico,  sobra el  calificativo seducir o engañar, como actúan algunos ejemplares intrincados políticos. A mí me  da miedo las múltiples de informaciones, generalmente bulos, que aparecen en los medios y redes sociales, sin ningún rigor científico y que solo consiguen enredar y confundir a la población, creando o potenciando las incertidumbres. No obstante, después de los últimos meses, mucha gente tiene más información y se ha percatado de las instrucciones a seguir. Quiero decir que saben, la mayoría,  que el uso de mascarillas es indispensable, así como el moderado distanciamiento social, impensable en el mes de marzo.

 

Para reactivar  la economía canaria, basada principalmente en el turismo, van implícitas  las buenas prácticas,  con el objetivo de controlar la epidemia. Porque un descontrol, como está sucediendo en Madrid y otros lugares, es impresentable por la peligrosidad que ello conlleva. Ahora no es momento de manifestaciones callejeras y protestar contra el gobierno socialista de Pedro Sánchez. Es un disparate. Así lo pienso y así lo digo. Así no se puede atenuar la salud pública ni reactivar la economía, de forma sostenible, si estos comportamientos abren las puertas a nuevos rebrotes incontrolados.

 

Menos mal que en Canarias, que yo sepa, la inmensa mayoría de su población se está comportando de forma sensata, alejado de revueltas callejeras y alteraciones públicas. No se trata de coartar libertades, sino de frenar todo lo posible la pandemia. Por otro lado, el virus no entiende de ideologías. Solo necesita de nuestras células para vivir y propagarse.

 

Si Lanzarote y Canarias, son un oasis para vivir, en medio de la epidemia, trabajemos todos juntos para no perder ese privilegio que nos ha dado la Naturaleza. Pero con normalidad y sin relajarse.


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