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Odio a los 'spin doctors'

 

 

Andrés Martinón

 

 

Eran los primeros años noventa cuando oí por primera vez la palabra 'spin doctors'. Estaba recién llegado a Madrid y sonaba en todos los garitos una canción que se me pegó como un chicle: se llamaba Two Princes. Es casi un himno generacional de aquella época. Pregunté a un amigo de los que se acabarían acuñando como 'alternativos' y me dijo que el grupo se llamaba 'Spin Doctors'.

 

Aquel amigo alternativo (hoy se diría cultureta o algo así) me dijo que el término anglosajón de 'spin doctors' se traducía como asesor político, de esos del ala oeste de la Casa Blanca. Viendo la definición en el diccionario una de las acepciones viene a decir que se “trata de alguien cuyo trabajo consiste en hacer que ideas o iniciativas parezcan mejor de lo que son, sobre todo en política”.

 

Y es ahí cuando esta palabra toma actualidad. El spin doctor del momento es, sin duda, Iván Redondo, el gurú que llevó a Pedro Sánchez de estar fuera del parlamento sin escaño, sin secretaría general del PSOE y más defenestrado que Napoleón en la isla de Santa Elena a lograr una moción de censura cogida con alfileres pero que le permitiría armar un consejo de ministros de catálogo y hacer de la Moncloa un fortín.

 

Sin embargo, pasa el tiempo y se descubre lo que ya muchos vaticinaron: que Redondo, como la definición de 'spin doctor' es alguien que hace creer que las cosas son mejor de lo que verdaderamente son. Y aquí engancho con el título de este artículo y es que estoy empezando a hartarme y a odiar a todos estos asesores que realmente no emplean su tiempo, inteligencia y conocimiento en mejorar la calidad de vida de los españoles. Lo único que hacen es ver cómo obtener mejores resultados electorales. Lo primero: lo de haber aconsejado a Sánchez una repetición de elecciones para lograr reblandecer a sus contrincantes le ha salido por la culata. Creyó que ganaría el voto del centro, previendo la caída de Ciudadanos, pero no se dio cuenta de que la población no es tonta y de que finalmente el electorado castigaría a las tres fuerzas que pudieron pactar y no ir a segundas elecciones, además de alentar a la extrema derecha.

 

Odio a los personajes como Redondo porque son capaces de estudiar la Ley D'Hont, de qué provincia es más interesante según sus escaños, qué día se debe convocar elecciones, si lloverá o hará un día radiante en la cita electoral. En definitiva, que mientras un asesor asesore sobre esto y no sobre cómo se debe abordar el problema de las pensiones, la creación de empleo, la formación de nuestros jóvenes y la salud, a España no le va a ir bien.

        

 

Eso sí, menos mal que siempre nos quedará la canción Two Princes de los 'Spin Doctors'.

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