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Odios gomeros

Francisco Pomares

 

Una interpretación ridícula del artículo 197 de la ley orgánica del Régimen Electoral General parece ser la argucia tras la que espera protegerse el alcalde de Valle Gran Rey, Cristopher Marrero, para evitar la votación de la moción de censura presentada contra él por la Agrupación Socialista de Curbelo y dos concejales de Nueva Canarias, que hasta ayer formaban parte de la mayoría de Gobierno. La interpretación consiste en considerar que quienes forman parte del grupo mixto municipal, por no haber obtenido votos suficientes para tener grupo propio, forman parte también del mismo "grupo político" municipal y por lo tanto, en aplicación de una ley canaria vapuleada por el Constitucional, para que prospere la moción de censura, los dos votos de los concejales de Nueva Canarias deberían verse incrementados en el mismo número de votos, otros dos. La intención inicial de la ley canaria era evitar que el voto de los tránsfugas de un partido pudiera volverse contra el alcalde al que habían elegido. Pero aquí no se trata de eso: aquí, los concejales de Nueva Canarias que rompen con el alcalde no son militantes del PSOE, y el alcalde socialista es el único al que se puede acusar de tránsfuga, o de haber ignorado las instrucciones de su partido negándose a apoyar a los candidatos de Curbelo, lo que incluso motivó su expulsión del PSOE, dado que incumplía uno de los acuerdos clave del 'Pacto de las flores'.

 

Mientras el secretario municipal de Valle Gran Rey informa si la censura es o no es válida, y los damnificados por la censura deciden si recurren o no a pedir la intervención de los tribunales, quizá convenga recordar el origen de la situación actual: en Valle Gran Rey, como en la mayoría de los municipios gomeros, las elecciones las ganó el candidato de la Agrupación Socialista, al que le faltaron un centenar de votos para tener mayoría absoluta. Curbelo logró en 2019 que su lista fuera la más votada en un municipio en el que nunca había logrado ganar. Así las cosas, Curbelo y Ángel Víctor Torres llegaron a un acuerdo para que el PSOE apoyara la elección de Borja Barroso, pero la intervención a última hora del empresario Agustín Marichal, histórico adversario de Curbelo, con importantes intereses inmobiliarios y turísticos en Gran Rey, provocó que los dos concejales socialistas rompieran con su partido y montaran una operación alternativa, con el apoyo de Si Se Puede y de los dos concejales de Nueva Canarias. Marichal ni siquiera se escondió: viajo personalmente de Arona a Gran Rey, se reunió con los concejales socialistas y se comprometió con ellos a hacerse cargo de las consecuencias de su expulsión del partido. Es una historia sobradamente conocida en toda La Gomera. En una demostración de poderío. Marichal, presidente del PSOE aronero, estuvo presente y aplaudió la elección como alcalde, de un militante que desobedecía las instrucciones del PSOE. Pero aquel acuerdo acabó haciendo aguas, y ahora el alcalde Marrero cuenta sólo con cuatro votos frente a los siete de Curbelo, lo que le impide gobernar. Los concejales de Nueva Canarias son independientes, están ya claramente en la órbita de la Agrupación Socialista, y uno de ellos –Ángel Piñero, exalcalde de Valle Gran Rey– es el que se presenta para la alcaldía.

 

 

Curbelo ha muñido –con el sacrificio de su candidato, Borja Barroso–, una operación de reajuste que da a su partido el control del municipio. Es la segunda parte –o tercera o cuarta o quinta– de una vieja historia de odios gomeros.

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