Lunes, 02 Marzo 2026
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Francisco Pomares

 

Sostener en el tiempo una guerra necesita de un relato poderoso. Pero Donald Trump no se ha molestado en pedir al Departamento de Guerra que lo creara. La guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán –porque esto sí es una guerra, no como el ensayo de Venezuela- carece de un argumento claro que justifique una intervención cuyo final es completamente impredecible, y podría acabar pareciéndose más a lo que ocurrió con Siria, Libia o Irak, que a lo que pasó en Caracas. La similitud en el acierto fulminante en esta segunda operación para descabezar políticamente un régimen enemigo, ha sido respondido por Irán con una sustitución inmediata de los liderazgos caídos–no se ha perdido el control del país- y con el bombardeo de objetivos en Israel y las bases militares estadounidenses en países del Golfo Pérsico, que ya ha causado los primeros muertos estadounidenses e israelitas. Si la guerra deriva a un conflicto de larga duración, como los de Siria o Irak, el primer problema al que tendría que hacer frente EEUU y Europas sería una masiva crisis de refugiados y un estancamiento de la economía.

 

Por eso, las excusas formales esgrimidas para iniciar esta arriesgadísima campaña se superponen, pero no parecen en absoluto determinantes: Trump se ha referido desde el primer momento a la necesidad de impedir la fabricación de una bomba atómica iraní, pero lo cierto es que desde la guerra de los 12 días, en junio del año pasado, ese objetivo estaba logrado, al menos según nos dijo un exultante Donald Trump tras el bombardeo de las instalaciones iraníes de enriquecimiento de uranio. “Completamente eliminado”, sentenció Trumpdelante de las imágenes de satélite que mostraban las instalaciones de Fordow, Natanz e Isfahánconvertidas en polvo. Parece bastante extraño que Irán haya logrado recomponer su capacidad nuclear –destruida para siempre- en tan solo medio año. Otra excusa para la guerra –también propagandeada por Trump– es la de evitar una posible reconstrucción de la internacional terrorista mantenida por los ayatolás: lo cierto es que tras la barbarie sobre Gaza, y las actuaciones contra Hezbolá y los huties de Yemen, nunca jamás había estado tan debilitada esa franquiciachiita. Por último, la explicación más contradictoria es sin duda la que afirma que con los bombardeos que acabaron con Jameini y una cincuentena de altos mandos militares y jerarcas iranís, se pretendía favorecer una hipotética revuelta contra el régimen, tras la represión sangrienta y asesina de miles de disidentes iraníes del pasado mes de enero. Se parece bastante a la primera explicación trumpista del golpe de mano de Caracas, desmentida por la inmediata decisión de convertir a Delcy Rodríguez en dictadora encargada de gestionar la entrega del petróleo. Y si eso no fuera suficiente, quizá las propias declaraciones de Trump ayer mismo, asegurando que el actual régimen pide negociar, y que se hará. No parece que le interese mucho la democracia. Si prosperan las negociaciones, lo más probable es que el asunto del cambio de régimen pase a ser asunto de segunda lectura. Trump no siente un especial apego por la democracia, la está destruyendo en Estados Unidos, no creo que sienta la más mínima preocupación por implantarla en cualquier otro rincón del mundo.

 

De momento, sólo se me ocurren tresexplicaciones a que Trump haya decidido apoyar a Israel en esta guerra. Una –de carácter político- tiene que ver con su afinidad personal con Netanyahu, con el que comparte también un deterioro creciente de su respaldo electoral. Las guerras suelen ser útiles para el sostenimiento de liderazgos fuertes. Israel y EEUU tienen elecciones claves antes de fin de este año. Una intervención militar exitosa en Irán, quizá haga peligrar la unanimidad del movimiento MAGA, el más firme soporte electoral de Trump. Pero si no provoca demasiadas bajas propias, sin duda alentará al nacionalismo USA y la sensación derevancha histórica contra el mayor enemigo histórico del país. En Estados Unidos, aún angustia el recuerdo de la crisis de los rehenes de 1979, y la chapuza que supuso el intento de liberación de los retenidos por la revolución jomeinista. Netanyahu también necesita redondear su éxito criminal en Gaza, midiéndose con un régimen que considera que su misión histórica es acabar para siempre con el Estado de Israel.

 

Otra explicación para desatar esta guerra, es la que tiene que ver con el control del petróleo. La obsesión de Trump por el petróleo es conocida, y está muy en la línea de las intervenciones militares de EEUU: bloquear el tráfico del petróleo iraní supondría un frenazo económico para China y además pondría el valor el crudo venezolano. Para alguien que actúa en política internacional como un vulgar mercachifle, no es desdeñable que el petróleo iraní sea un acicate suficiente para meterse en jarana,

 

La tercera explicación es la más práctica y sencilla, yo apuesto por ella: es posible que –sencillamente- Trump aprovechara la oportunidad de acabar de un golpe con Jameini y con una parte muy importante de su Estado Mayor, gracias a una providencial información de la CIA. Para una mentalidad como la de Trump es difícil renunciar a un premio así. Ojalá la oportunidad de acabar con “el hombre más malvado de la tierra” nodesate una guerra planetaria.   


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