Paciencia, mi niña

Mar Arias Couce
A veces, la realidad supera la ficción. En Lanzarote nos pasa. Con frecuencia. Lo que voy a contar pasó, tal y como lo cuento, sin exageraciones. Y lo cuento ahora que se me ha pasado un poco el cabreo. Íbamos a coger un vuelo muy temprano de cara a las vacaciones de Semana Santa. Por si teníamos problemas, que ya nos ha pasado, nos acercamos a la parada de taxis para ver si era posible reservar un taxi a las seis menos cuarto de la mañana. El taxista, muy educado, nos dijo que no era posible pero que llamáramos unos veinte o treinta minutos antes y que, así, no habría problema alguno. Bien. Eso hicimos. Nos levantamos a horas intempestivas y con la legaña aún pegada al ojo, llamamos.
-No hacemos reservas.
-No, no es una reserva, es que nos dijeron...
-Llame sobre la marcha. Tengo lío.
Y colgó.
Bueno, pues qué le vamos a hacer. Seguimos con los preparativos y cuando los cuatro estábamos ya listos, llamamos otra vez. Nos asignan un taxi. Bajamos a la calle, seis menos veinte de la mañana. Nada. Seis menos cuarto. Nada. Seis menos diez. Nada. Llamamos de nuevo a la central.
-Mire hemos llamado hace quince minutos para pedir un taxi y es que tenemos que llegar al aeropuerto, pero no viene.
-Tienen uno asignado, tranquilidad.
Menos cinco... Las seis... Llamamos de nuevo.
-Tienen uno asignado.
-Llevamos 25 minutos esperando.
-Hay que tener paciencia, mi niño-le dijo a mi marido.
Ahí ya perdimos la poca que nos quedaba.
Total que tuvimos que coger nuestro coche y pagar una semana de parking en AENA porque al final el no hay ningún problema, no fue real. De hecho, fueron casi 150 euros de broma. Una vez más. En nuestro caso, la segunda broma de estas características tan divertidas. Que esto pase en una isla turística de la categoría de Lanzarote es, siendo suave, surrealista. Siendo realista, vergonzoso. Yo me pregunto, y si sigo esperando y pierdo el vuelo, ¿A quién reclamo? ¿A Consumo?
Pero claro, la culpa es nuestra por no tener paciencia.