Martes, 05 May 2026
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Francisco Pomares

 

A veces tengo la impresión de que la política española está perdiendo definitivamente la cabeza. Y no parece ser el resultado del envenenamiento ideológico y la feroz guerra de intereses entre grupos y facciones que hoy dividen y enfrentan sin piedad a la sociedad española. Al decir de quienes nos miran con un poco de distancia, nosotros siempre hemos sido capaces de hundirnos en el fango con tal de hundir también a quién detestamos. La historia de España está plagada de momentos en los que renunciamos a considerarnos una nación y perdemos el oremus. Nos pasa más o menos cada siglo, cada dos o tres generaciones. Y cuando nos ocurre lo mandamos todo al garete. Pero lo que sucede ahora es todavía más grave que esa feroz locura suicida que nos lleva al enfrentamiento a muerte entre territorios, entre ideologías, entre clubs de fútbol o entre gente que prefiere el pincho de tortilla y gente que prefiere los huevos revueltos. Lo que nos ocurre ahora es como si estuviéramos gaseados por el veneno de la estupidez, del que nadie parece darse cuenta.

 

La ministra de Sanidad nos sorprendió este miércoles con una declaración más estrambótica que salomónica sobre la revacunación con Astra Zeneca. Ya saben ustedes lo que hay: la Unión Europea se disparó un tiro en el pié en la negociación con la farmacéutica anglo-sueca que produce la vacuna más barata que se administra en Europa. Tras haberse gastado una pasta en financiar a Astra Zeneca, y después de descubrir que la vacuna no llegaría con la rapidez ni en las cantidades previstas, Europa fue bombardeada con informes que desaconsejaban el uso de Astra Zeneca en mujeres jóvenes. Esos informes, muy pero que muy matizados por la Agencia Europea del Medicamento, no han impedido que Reino Unido haya vacunado ya con Astra Zéneca a la mitad de su población, y siga haciéndolo con el resto, desde los dieciocho años, mujeres incluidas, sin que se reporten más efectos secundarios graves que con otros preparados. Pero ya se sabe que los ingleses conducen por la izquierda, son gente muy rara…

 

 

La mayoría de los países europeos decidieron desterrar Astra Zéneca y decretar su uso sólo por personas mayores de 55 años, en España por mayores de 60. Hasta ahí, un exceso de garantías, fruto del pánico de quienes nos gobiernan a asumir responsabilidades. Pero lo peor llega cuando hay que empezar a revacunar a los centenares de miles de personas que fueron inoculadas con Astra Zéneca, y –como no hay suficientes suministros- se encarga a los virólogos que decidan si es factible reforzar el primer pinchazo con un segundo de otra vacuna. Después de un pequeño trabajo de campo, sobre algo más de 200 personas, los investigadores del Carlos III, certifican que sí, que no pasa nada, incluso puede ser mejor. Eso después de haberse publicado meses atrás informaciones del ministerio asegurando que las vacunas son ab-so-lu-ta-men-te incompatibles. Y claro, hay gente que desconfía y reclama que la segunda dosis sea del mismo medicamento. Después de unos días de nervios y rumores, la ministra anuncia que la gente podrá decidir libremente qué vacuna prefiere pincharse como segunda dosis, aunque tendrá que firmar un documento de consentimiento si decide que sea con Astra Zéneca…

 

Vaya: ¿ahora decidimos con qué nos pinchamos? ¿Y quién soy yo para determinar lo que es médicamente más correcto? ¿Qué disparate es este? ¿Va a pedirnos la ministra que nos automediquemos a partir de ahora? ¿Qué decidamos qué medicina es la que nos conviene para hacer frente a nuestras dolencias y padecimientos? ¿Iremos a la farmacia a elegir que pastilla es mejor para la lumbalgia? ¿Lo haremos por el color del envase, cómo elegimos en el super los yogures? En un país menos atontado que este, la propuesta ministerial habría sido considerada –además de una tomadura de pelo- una ofensa irresponsable al sistema de Salud. Si la sanidad española no es capaz de decidir lo que nos conviene hacer… ¿Voy a ser capaz de hacerlo yo? ¿Con qué conocimientos? ¿En base a qué criterios? ¿Por lo que me recomiende Ana Rosa Quintana?

 

Este país se está volviendo un país de idiotas. Y lo peor es que ya ni nos damos cuenta.


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