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 ¡Qué bueno tener Estado!

 

Antonio Salazar

 

Se repite con frecuencia lo bueno que es tener estado (minúscula deliberada, repetimos siempre que así será hasta que individuo se admita con mayúscula). Lo dijo hace nada el mismísimo Pedro Sánchez para hablar de la pandemia de la Covid19 o, incluso, del volcán de La Palma. Es la misma idea que trasmiten los que festejan la existencia de la TV pública porque cubre eventos dramáticos. Incurren quienes así razonan en la conocida falacia de lo que está, es decir, puesto que tenemos esas instituciones las necesitamos. Nadie se plantea que las cosas bien pudieran ser de manera distinta porque, resulta innecesario detallarlo, no parece que el estado presente una buena hoja de servicios en sus actuaciones. Lo que no significa que no haga nada o que nada de lo que hace sea bueno, solo que podrían existir alternativas mucho más eficaces y, sobre todo, menos onerosas. Particularmente para el caso español.

 

A los estatólatras se les hincha el pecho presumiendo de sanidad o educación pública, como si en los colegios o centros sanitarios privados no hubiese éxitos igualmente valiosos. Sabemos que no es verdad, claro, pero les da igual. Vemos en los informes de PISA que los colegios privados pueden competir en calidad, no con los públicos, también con los centros de los países que mejor desempeño presentan en esos estudios educativos concretos. De la sanidad, la mejor prueba de cómo funciona es comprobar que cada año, los funcionarios que pueden elegir gracias a MUFACE, prefieren la privada en el 82% de los casos. Así que cabe conjeturar que la primacía no es tal pero le viene bien a un montón de políticos y burócratas empeñados en ordenar nuestras vidas hasta en los más mínimos detalles, aumentando nuestra dependencia del estado, que no es más que la plasmación -dado el monopolio legítimo de la fuerza que ostenta- de las preferencias de esos mismos individuos.

 

En el caso del volcán palmero hemos comprobado con pesar el impacto que ha tenido la lava y cómo se llevó por delante la obra humana acumulada durante siglos. La iglesia de Todoque, sin ir más lejos, construida como tantas otras por el esfuerzo de sus vecinos nos enseña que en ausencia de estado la gente puede organizarse para ordenar también preferencias. O como reacciona cuando la burocracia es capaz de paralizar incluso asuntos que provocan un enorme impacto emocional, tal fue el caso de los perros atrapados en un estanque y rodeados de lava, rescatados por cuatro valientes que no tenían la paciencia de esperar por los tiempos administrativos. No es extraño que anuncien investigaciones y/o sanciones, a nadie se le escapa que el estado lleva mal ser ridiculizado o cuando se pone, negro sobre blanco, que su utilidad es tan cuestionable como costosa.

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