Jueves, 29 Enero 2026
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Francisco Pomares

 

Julio Martínez no es un nombre conocido en la vida pública española. Al menos hasta hace unos días. Empresario alicantino, discreto, sin trayectoria política ni relevancia mediática previa, su figura emerge ahora en el centro de una investigación policial que conecta poder político, rescates públicos y negocios internacionales. No como protagonista visible, sino como figura intermedia: el hombre que aparece en casi todas las sociedades, el administrador silencioso de una red empresarial extensa, opaca y sorprendentemente reciente,

 

Según la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal, Julio Martínez es el testaferro del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y de su entorno familiar. Es una acusación grave que deberá probarse en sede judicial. Pero la política no se mide solo por sentencias: también por comportamientos, cronologías y relaciones. Y ahí el caso empieza a adquirir un perfil inquietante.

 

Martínez administra al menos 16 sociedades activas, constituidas o reorganizadas entre 2020 y 2021. No forman un grupo empresarial clásico: no comparten estructura, ni empleados, ni actividad productiva reconocible. Son sociedades independientes, de objeto amplio, con mínima visibilidad operativa, sin plantilla conocida y con cuentas presentadas como microempresas. Patrimonio, consultoría, inversión, capital. Todo y nada. Un entramado diseñado más para ordenar flujos que para producir bienes o servicios. Nada que objetar, excepto quizá una ajustada cronología. La cronología es clave: el ex presidente Rodríguez Zapatero abandona la Moncloa en 2011 y su relación con Julio Martínez comienza, según la Policía, en 2012. Pero la verdadera expansión societaria no llega hasta casi una década después, coincidiendo con el rescate público de Plus Ultra, aprobado en marzo de 2021 por 53 millones de euros procedentes de la SEPI.

 

Ese rescate ya fue difícil de explicar por sí solo. Plus Ultra –la compañía que trajo las mascarillas canarias desde China- es una aerolínea marginal, con una cuota insignificante de mercado, una flota mínima, escaso empleo y una situación financiera delicada. Otras empresas de mayor tamaño y relevancia quedaron fuera de las ayudas. Sin embargo, Plus Ultra fue considerada “empresa estratégica” por Moncloa. Y es ahí donde parece que Zapatero jugó un papel determinante. Según la investigación policial, intercedió personalmente ante el entonces ministro de Transportes, José Luis Ábalos, para desbloquear el rescate. Lo hizo en persona, en el Ministerio, utilizando su ascendiente político. La UDEF investiga si parte de los fondos del rescate fueron desviados para devolver préstamos a sociedades extranjeras vinculadas a operaciones de blanqueo relacionadas con Venezuela. También se analizan transferencias desde Plus Ultra a Martínez que no se corresponderían con servicios reales, y pagos posteriores desde el empresario a sociedades vinculadas a las hijas de Zapatero, formalmente por trabajos de consultoría y diseño.

 

Julio Martínez fue detenido hace unos días, pasó la noche en chirona y fue luego puesto en libertad provisional con medidas cautelares. Extrañamente. tres días antes de la detención de Martínez, Zapatero se reunió con él en El Pardo, en una zona boscosa y sin cobertura telefónica, quizá para advertirle de su inminente detención. Zapatero no ha ofrecido ninguna explicación de porqué mantuvo ese encuentro secreto, o qué se t6rato en él, ni es probable que la de, sin mediar previamente exigencia judicial. No hay, por ahora, ninguna imputación contra el expresidente, ni tampoco una condena contra Martínez. Pero sí hay un patrón: intermediación política, negocios opacos, sociedades instrumentales, crecimiento patrimonial acelerado y una red empresarial sin actividad visible que se activa justo cuando el dinero público entra en juego.

 

Julio Martínez no es relevante por quién es, sino por los intereses que parece servir. No es el rostro del poder, sino una suerte de interfaz entre Zapatero, el mundo de los negocios y el stablishmen bolivariano. Es el hombre que administra esa alquimia, el que canaliza, recibe y paga, el que nunca decide pero está presente cuando los que mandan se deciden, y maneja las zonas oscuras de lo que el poder reparte entre sus servidores. Por eso la pregunta “¿quién es Julio Martínez?” no es una curiosidad biográfica. Es una pregunta de calado político. En esta semana de revelaciones sorprendentes, cuando Santos Cerdán pretende que comulguemos todos con sus ruedas de molino, la respuesta no debería esperar a lo que los tribunales nos revelen.

 

Porque -incluso si Martínez no hubiera cometido delito alguno, seguiría representando algo muy muy grave: la normalización en el sanchismo de una zona gris, donde expresidentes, ministros, empresarios discretos y dinero público se cruzan sin explicación convincente.


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