Lunes, 26 Enero 2026
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Sara González

 

Rota. Así se encuentra mi ilusión y mi corazón. Ya entiendo la frase esa de que a los niños y a las niñas las cosas o los planes se les dicen cuando ya se sabe al cien por ciento si se puede realizar porque de lo contrario, no entenderán que por un imprevisto, no harán tal cosa. Y como no, luego tienes que lidiar con muchas preguntas, muchos por qué, que te sacarán de quicio.

No soy una niña y no lloré por vergüenza, pero patalear en secreto sí que lo hice, y una, sino varias veces, porque ya era mío, ya lo encargué, ya lo compré, ya lo esperé, lo esperé, lo esperé y nada, que no llega.

La posibilidad de comprar ropa por Internet que aquí no encuentro es una maravilla, eso es innegable, pero la espera se hace dura y más cuando por razones ilógicas, no llega. Muchos son los trámites que tienen que hacer en la aduana. Pero, ¿por qué tiene que pasar por tantas? Mira que soy consciente de que Canarias tiene unos beneficios económicos distintos a los del resto del país, pero eso de tener doble oficina aduanera en un mismo país sigue sin convencerme y mucho menos cuando pides cosas en países terceros, en los que se extrema el control. Algo que también entiendo, aunque dudo mucho que una chaqueta y un vestido suponga una amenaza o que sea sospecha de que voy a revender dos prendas de ropa y con eso sobrevivo económicamente al menos un mes.

Mes que debe empezar a contar después de no sé cuantos pares de semanas sin recibir el pedido, otra eternidad.

Curiosidad es lo que me causa ese estado de incertidumbre, ver cómo somos capaces de ser pacientes y esperar varios meses por algo -con los distintos brotes correspondientes de desesperación-, mientras que estamos inmersos en una constante adicción de la inmediatez y a la moda del 'todo ya y breve' provocada por el acelerado ritmo social y la continua falta de atención que ha generado el elevado consumo en redes sociales. En contraposición a las esperas que hacemos por los pedidos que nosotros mismos, de manera totalmente voluntaria, realizamos y que, en ocasiones, nos obliga a esperar más de la cuenta en los mejores casos, mientras en otros, llegamos a no recibirlos.

Yo sigo esperando que la Navidad haga esa magia, que la estrella fugaz guíe al paquete de ropa que pedí no me acuerdo ya ni los meses y que encuentre a su destinataria para que así pueda comprar un pegamento que sea lo suficiente fuerte y con un pegue lo bastante duradero para poder volver a rearmar esa ilusión y ese corazón que tiempo atrás, a finales de 2025, se rompió.


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