Miércoles, 29 Abril 2026
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

 

Gloria Artiles

 

No me canso de repetirlo, ni me voy a cansar. El mundo necesita imperiosamente profesores conscientes, empresarios conscientes, periodistas conscientes, policías conscientes, sanitarios conscientes, trabajadores conscientes, padres y madres conscientes, y especialmente, políticos conscientes … Personas que, en cualquier ámbito, estén dispuestas a trascender sus propias limitaciones, a abandonar el desconocimiento profundo que tienen acerca de su verdadera naturaleza humana y, sobre todo, a superar el egocentrismo intrínseco que desde hace miles de años padece el homo sapiens, para abrazar la Empatía y la Sabiduría como los pilares auténticos y legítimos en los que debería enraizarse un innovador y más avanzado sistema político, económico, social y cultural.

 

Un nuevo sistema que, tal como la historia ha demostrado a lo largo de su imparable impulso evolutivo, terminará irrumpiendo, tarde o temprano, y cueste lo que cueste, superando las contradicciones del actual. Ya a lo decía Einstein: “Ningún problema se resuelve en el mismo nivel de consciencia donde se crea”.

 

Así que, cuanto antes nos demos cuenta, menos tardaremos en superar la crisis existencial profunda que ha sacado a la luz la crisis sanitaria. Hagámonos conscientes de que los cimientos del mundo que conocíamos se caen a pedazos, como un gigante con pies de barro. Mucho me temo que de esta no vamos a aprender nada, nada que valga la pena de verdad, porque cada uno de nosotros sigue gobernado por el pequeño y estúpido ego humano aún inmaduro, un tirano que vive dentro de nosotros sólo preocupado por protegerse a sí mismo: por conservar “mi” empleo, por no perder “mis” derechos, por demostrar que “yo” tengo razón, por convencerme a mi mismo que “yo” soy el bueno y el otro el malo, por mantener “mi” posición y “mi” seguridad y “mi” casa y “mi” salud y “mi” superioridad moral. Ego, me, mei, mihi, me.

 

Este mundo está basado de una mentira colosal que hemos dado por normal, pero que no lo es.  Y seguimos sin hallar el camino, porque nuestra falta de humildad nos impide ver su radical inconsistencia.  Seguimos buscando las soluciones removiendo una y otra vez un caldo sistémico que ya empieza a pudrirse porque sigue lleno de demagogia, autoengaño y egoísmo.  Pese a su comprobada incapacidad de producir resultados con éxito que garanticen un mundo más avanzado, justo y feliz, los seres humanos, embebidos de soberbia y por tanto de desconocimiento,  lo que hacemos es repetir más y más teorías viejas y modelos caducos. De ahí los interminables discursos llenos de palabrería hueca, porque todo lo que no es real ni verdadero necesita machaconamente ser repetido para construir una falsa impresión de autenticidad.

 

 

Para mi, no necesitamos adaptarnos a una nueva normalidad. Lo que necesitamos es innovar, pero no sólo tecnológicamente, sino esforzarnos en crear una nueva mentalidad que nos  transforme a cada uno de nosotros haciendo propios los valores universales de Sabiduría Inteligencia y Bondad. Porque si no lo hacemos por comprensión, quizá lo tengamos que hacer por el sufrimiento individual y colectivo que se avecina.


PUBLICIDAD
Cicar
PUBLICIDAD
Cicar
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
×