Stranger things

Francisco Pomares
Abstenerse no siempre es una forma de quedarse al margen. A veces –sobre todo en política- es exactamente lo contrario: una forma de tomar partido sin dar necesariamente la cara. La abstención de Coalición Canaria para evitar que Ángel Víctor Torres vuelva a comparecer en el Parlamento para explicar el porqué de sus obvias mentiras en la anterior citación, no es un gesto neutro ni técnico. Es una decisión política de primer orden que, en la práctica, absuelve al expresidente canario de tener que explicar sus mentiras ante la Cámara.
Porque ya no estamos ante una duda razonable, ni ante una petición caprichosa de la oposición. Estamos ante un informe de la UCO que contradice de forma frontal las declaraciones previas de Torres, y ante una comisión parlamentaria cuyo sentido último es precisamente ese: obligar a dar explicaciones cuando las versiones se caen. Si no es para eso, ¿para qué sirve?
Lo más desconcertante no es que el PSOE se oponga a la comparecencia de su secretario general. Eso entra dentro de lo previsible. Lo verdaderamente inquietante es que Coalición Canaria —que había hecho suya la acusación, que había hablado de posibles delitos graves y que había puesto a Torres contra las cuerdas— decida ahora apartarse justo cuando llega el momento de cobrar políticamente ese discurso.
Conviene recordarlo, porque la memoria política es frágil pero los hechos son tozudos: fueron dos diputados de Coalición, José Alberto Díaz-Estébanez y Vidina Espino, quienes sostuvieron públicamente que Torres faltó a la verdad ante el Parlamento y que existían indicios de tráfico de influencias, abuso de poder y acoso laboral. No fue una insinuación. Fue una acusación directa. Y fue Coalición quien defendió que tanto Torres como Antonio Olivera deberían comparecer de nuevo, incluso “a petición propia”, para explicar lo inexplicable.
Hoy, sin embargo, Coalición se abstiene ante la iniciativa presentada por el PP. Y con esa abstención permite que el PSOE, Nueva Canarias y los socios de Torres bloqueen la comparecencia. El resultado es inequívoco: Torres no tiene que volver a sede parlamentaria, no explica nada y el Parlamento mira hacia otro lado. Las explicaciones ofrecidas por José Miguel Barragán, portavoz del grupo parlamentario de Coalición Canaria, no solo son insuficientes: huelen mal. Decir que las contradicciones y mentiras de Torres y Olivera ya están “suficientemente acreditadas” es una forma elegante de justificar la inacción. ¿Desde cuándo acreditar una contradicción es motivo para evitar que se explique? Resulta muy extraño que una comisión de investigación renuncie a escuchar una explicación de primera mamo, porque ya “todo está claro”.
Ese argumento no se sostiene ni jurídica ni políticamente. Si todo está claro, que venga Torres y lo confirme. Y si no lo está, que venga y se retrate. Lo que no tiene lógica es impedir la comparecencia después de haber denunciado públicamente la mentira.
La pregunta, por tanto, no es retórica: ¿qué ha cambiado? ¿Por qué ahora? ¿Qué ha pasado entre aquella rueda de prensa contundente de la diputada Espino y Díaz-Estévanez y esta abstención silenciosa? ¿Estamos ante una decisión estratégica dictada desde la Presidencia del Gobierno? ¿Es una iniciativa autónoma del grupo parlamentario? ¿O estamos ante una petición planteada por el PSOE a cambio de algo? ¿Una transacción con el PSOE que nadie quiere reconocer?
En política las casualidades no son demasiado frecuentes. Que una abstención inesperada salve a un ministro en apuros debería tener una explicación, máss allá de las amables melifluosidades marca de la casa Barragán. Coalición no puede pretender que la opinión pública crea que este giro tan radical se produce porqué sí. Suena todo raro, extraño: no consta contrapartida, pero la incoherencia entre lo de hacer dos semanas y lo de hoy provoca casi automáticamente la sospecha.
La reacción de decepción y desconcierto del PP, expresada enérgicamente por el diputado Fernando Enseñat, es comprensible. Y lo mismo cabe decir de quienes -dentro y fuera del Parlamento-, esperaban que Coalición mantuviera una mínima coherencia con su propio discurso de hace un par de semanas. No se trata de apoyar al PP ni a Vox, ni de compartir sus estrategias. Se trata de defender la función del Parlamento y la credibilidad cada día más escasa de las instituciones y del uso que de ellas hacen quienes nos gobiernan.
Cada gesto cuenta. Y este gesto –esta cosa extraña, esta abstención sospechosa e inexplicada- desvela más de lo que se ha querido contar. Por ejemplo, lo que nos dice es que, llegado el momento, el precio a cobrar por el silencio puede ser más rentable que la incomodidad de la verdad. Porque uno no solo es responde de lo que hace, también lo es de lo que permite. Y esta vez, Coalición ha permitido que Torres esquive el lugar donde debería haber dado explicaciones: el Parlamento de Canarias. Quizá los esfuerzos para evitarlo, no sirvan realmente de mucho. Quizá se vea obligado a tener que ofrecer la explicación a sus mentiras en el Senado. Y esperemos que no le toque nunca tener que hacerlo ante los tribunales.