Domingo, 03 May 2026
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Antonio Salazar

 

 

No, no es una frase reclamo de un coach de medio pelo, de los muchos que alcanzarán fama justo después de esta crisis, como ya ocurriera en la anterior. No se trata de que entrenando con denuedo y aplicación podamos ser un deportista tan exitoso como el donostiarra. Más bien es que todos podemos caer bajo las garras de la Agencia Tributaria y ser víctimas, no ya del peso de la ley, si no de sus excesos. Aprovechando un estado de opinión crítico con las personas que son capaces de convertir sus capacidades y méritos en fortunas apreciables, el fisco se lanzó a por los futbolistas mejor pagados. Con tretas y malas artes hostigaron hasta la rendición a Messi, Cristiano Ronaldo, Roberto Carlos, Diego Costa…, deportistas que terminaron aceptando un acuerdo en conformidad mediante pacto extrajudicial que les permitía eludir la prisión al reducirse considerablemente su sentencia, asumiendo sanciones millonarias. La situación es humanamente comprensible, ante la posibilidad de terminar encerrado, un jugador que necesita de su libertad para seguir su carrera puede verse tentado de aceptar el pacto, a fin de cuentas, asume que esa libertad tiene un coste aunque parezca desorbitado.

 

Lysander Spooner comparaba al gobierno con los asaltadores de caminos pero prefería a estos últimos: “Asumen su responsabilidad, peligro y delito, no pretende tener ningún derecho sobre tu dinero ni tiene la impudicia de presentarse como tu protector. Una vez que te ha quitado el dinero, te deja en paz y con algo de suerte no lo vuelves a ver”. Con el estado no ocurre esto, en realidad viene un año, y otro, y al tercero … encima tratando de convencerte que el atraco tiene fundamentos morales.

 

En el caso de Xavi Alonso, de acuerdo con hasta tres sentencias de tribunales distintos, se entiende mejor las razones de Spooner al considerar que apenas si hay diferencias entre aquellos malandrines y los inspectores de hacienda. Sin fundamentar, dice una de las sentencias, fijan su atención en un prodigio del deporte y le exigen el pago de dos millones de euros por unos derechos que legalmente podían tributar en otra jurisdicción. Con ese lenguaje leguleyo y comportamientos de matón, invitan a un pacto en conformidad bajo amenaza de prisión pero resulta que aquel extraordinario futbolista, se rebela y avisa que no está de acuerdo, que el asunto lo peleará en los tribunales y que no hay pacto posible. La reacción no fue pacífica, los inspectores incluso intentaron llevarse por el camino al abogado como cooperador del futbolista sin que esto constituyera el escándalo que a algunos nos parece. Ha ganado por cabezota y por la convicción en que no había cometido delito alguno. Ojalá sea la puerta abierta que necesiten otros muchos que, sin tanto foco, puedan verse en una situación similar.

 


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