Jueves, 16 Abril 2026
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Andrés Martinón

 

El otro día fui a Urgencias con mi hijo y tuve tanto tiempo para pensar que nació la idea de este artículo. Pensé “¿Cómo se puede hacer pasar tan mal a un padre y a un hijo?” Pero claro, tal y como he dicho, las horas pasaban y nadie nos atendía por lo que yo mismo replicaba: “Si nuestro sistema sanitario es buenísimo. Si yo nunca he tenido ninguna mala palabra hacia el Servicio Canario de Salud”, pero creo que di en la clave: uno piensa que nuestra Sanidad es buena o mala dependiendo de una cosa: si ya te han atendido o si todavía no lo han hecho.

 

Existen estadísticas en las que la satisfacción del usuario de la Sanidad pública en nuestra comunidad es muy alta. Y, además, me las creo y doy de fe de ello. Cuando llega un momento importante: un parto de tu mujer, una operación de tus hijos, un diagnóstico de un especialista... En todas estas situaciones uno siempre sabe que está 'En buenas manos'.

 

Tuve una vez vértigos periféricos. Me pilló en Gran Canaria. Pues me tuvieron cuatro días ingresados, a cuerpo de rey, esperando una resonancia magnética solo para descartar posibles ictus o alguna lesión cerebral. El trato no pudo ser mejor. Me llevé un libro y me lo leí. Puedo decir que algunas de mis mejores vacaciones han sido así: leyendo un libro, eso sí, en la habitación de un hotel y con el bar piscina cerca. Encima, el diagnóstico fue favorable y no tuve más preocupación que regresar a la normalidad de mi vida familiar y profesional.

 

Pero el lado oscuro de la sanidad es tenebroso, que diría Darth Vader. Y no es otra cosa que la espera. Ésta se presenta de tres maneras distintas que todos conocemos: la espera de un especialista, la de una intervención quirúrgica y las cuatro horas que te puedes chupar en Urgencias.

 

Voy a empezar por esta última. Por deferencia a mi alusión inicial.

 

Uno acude a Urgencias, vamos a poner por ejemplo, por un bronco espasmo de tu hijo de 11 años. Uno no es médico, ni enfermero. Yo no llegaría ni a auxiliar del auxiliar de enfermería. Acudes con un niño que apenas puede dormir de la tos que tiene. Además, ya has acudido alguna vez anterior con ese u otro de tus hijos a Urgencias. Incluso alguna vez el médico de Urgencias te insinúa que por qué has tardado tanto en llevarlo. No sé si les ha pasado eso. Es de las peores sensaciones que un padre puede tener. Pues bueno, con mis conocimientos de Medicina, entiendo que vuelve a pasar lo mismo, pero claro esta vez, la sanitaria que atiende al triaje, que no es médico sino, en este caso, una enfermera, valora la respiración y otros índices o valores pulmonares o no sé que otras cosas, y entiende que el niño no está tan grave. Y aquí empieza la tortura. La tortura del desconocimiento. De no saber, si con más ventolín o un paracetamol se le quita o si uno debe esperar cuatro o cinco horas porque la facultativa que no es facultativa te valora de escasa gravedad pero no te indica qué tiene el niño o si te puedes ir a casa con una receta de algún medicamento que podría aliviar los síntomas. Pero lo dicho, la mujer u hombre que decide la gravedad no es ni médico y no te puede recetar nada.

 

Segundo tercio del lado oscuro de la Sanidad Pública: la espera de un diagnóstico. Mi récord personal fue esperar un año (365 días) por una consulta de un Urólogo. He de reconocer afortunadamente por el valor que le tengo a la vida, que el médico de cabecera acertó y no necesitaba la urgencia de un especialista pero supongo que si el doctor de familia hubiera estado despistado ese día y yo hubiera tenido algo grave, este artículo no lo habría escrito yo.

 

Tercera fase del lado oscuro. La espera por una intervención quirúrgica. Aquí solo voy a hacer alusión a una especialidad: traumatología. Queridos lectores, si tiene una afección de esta rama y su vida no corre peligro pero pierde calidad en todos sus sentidos, va a perder unos cuantos años de existencia. No se morirá pero a falta de una operación de cadera esperará cerca de tres años. O por una hernia discal que te deja postrado, otros dos o tres años. Pero tranquilo, que de eso uno no se muere.


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