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Un violinista, una profesora y un genio

 

Por Guillermo Uruñuela

 

Hoy, en este periódico, existe una guerra mucho más cruenta de lo que pueden llegar a imaginarse pero, tanto mi compañero de página como yo, somos honrados beligerantes que aceptaremos deportivamente el veredicto final. Andrés defenderá, estoy seguro que con precisión y maestría, la importancia del sacrificio. Un servidor, más impetuoso y menos certero, les hablará del talento.

 

Tengo que iniciar el argumento situándome en su parcela ya que pienso que su idea originaria y la mía no son contrapuestas sino complementarias. Martinón, básicamente, me espetó en medio de una conversación futbolística que uno puede convertirse en un buen goleador si trabaja para ello. Yo le contesté que no; "podrá mejorar dentro de sus capacidades anotadoras pero nunca será un killer del área". De ahí subyació un debate paralelo. ¿Qué es más importante, la inspiración o la transpiración?

 

La constancia, la perseverancia, la capacidad de esfuerzo y el trabajo siempre serán términos imprescindibles para realizar cualquier cometido que te exija un mínimo. Si alguien me preguntara cuál es la clave de eso que entendemos como éxito, le contestaré sin titubear que los cimientos se han forjado, sin lugar a dudas, a base de sacrificio, tenacidad y entrega. Sin embargo -y aquí introduzco mi sentir- hay un porcentaje minoritario, por lo anteriormente expuesto, que responde a un factor que se escapa al entendimiento.

 

Nos desarrollamos en base a un mundo absorbido en la niñez que no elegimos; se nos impone. Por eso es fácil que un crío educado en una familia de pintores acabe vinculando su vida a un lienzo o que aquel retoño que vea en casa a sus progenitores jugar sistemáticamente al ajedrez se interese por el tablero. Eso sería lo normal.

 

Pero llegado el momento, hay algo diferenciador que te permite ir más allá y que no se puede entrenar. O se posee o no. Llámese talento, don o capacidad para desenvolverse en un área determinada. Viendo a niños de cuatro años jugando al fútbol uno no sabe si alguno de ellos llegará a la élite pero detectará rápido el que no lo hará.

 

 

Tengo tres amigos de infancia que se dedican a la música. Sus padres así se lo inculcaron y recuerdo cómo se iban de la playa a las cinco de la tarde, diariamente en verano, para acudir a clases de solfeo y esas cosas. Una es profesora de música. Otro, toca en una orquesta en Alemania, pero el más pequeño de todos es un prodigio del violonchelo. No diría que éste último practicó más que sus antecesores. No soy un gran entendido en música clásica pero recuerdo escuchar a alguien comentar, hace años cuando Gabriel se dedicaba a realizar "Solos" por el mundo, que poseía un oído fuera de lo común... una habilidad con la que no contaban sus hermanos mayores.

 

Por ese motivo, la constancia te hará llegar y el talento, sobresalir

 

 

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