Lunes, 13 Julio 2026
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Sara González

 

Hay profesiones que necesitan una constante actualización, y otras que en las que esto suceda se convierte en una casualidad anecdótica. Dos grupos de personas en las que se divide la sociedad profesional y laboral actual, y en la que la se vive una injusta realidad. A veces, el día a día de trabajos como este de la comunicación, en el que tienen que estar constantemente al loro de la normativa vigente, nuevas herramientas y aplicaciones, es agotador, por instantes. Tanto que por momentos se agradecería no estar siempre estudiando, sino todo lo contrario, que los avances fuesen un poco más lentos, al menos en una cosa.

Una cara de la moneda muy sacrificada, pero al igual que muy satisfactoria y deseada en otros instantes. Aunque he de reconocer que estos apenas suceden y el sentimiento de agotamiento y cansancio por estar constantemente viendo las nuevas actualizaciones en material de normativa, materiales y tendencias, es agotador. Además, llevarlas al cien por ciento todas es prácticamente imposible. Esta situación nos causa mucho estrés, pero cuando llega el momento –casi siempre inesperado- de usar toda la actualización estudiada y salvar una situación de una forma elegante y casi natural, como si lo hicieras todos los días, es, simplemente, maravilloso. En esos minutos das las gracias por pertenecer a una de las profesionales que necesitan estar siempre actualizadas.

Esta situación la viví hace apenas unos días, en la que quedé impresionada con lo poderosa que es la actualización en la comunicación y la fuerza que tiene eso con una buena base, con un antecedente sólido en lo que a conocimiento se refiere. Pues de cuatro horas y medias, que era el tiempo máximo para escribir, pensaba estar mirando al frente y con la mirada perdida durante quince eternos minutos, el tiempo mínimo que se exigía estar, para mi sorpresa eso no fue así.

Podemos llamarlo la suerte del principiante, una potra, o lo que sea, pero lo cierto es que al decirme que tenía que escribir de la radio, y tras empezar con un recordatorio base del medio que tengo desde mis años en la facultad, pude rellenar toda la actualización en la materia gracias a esa, en ocasiones, pesada actualización. Una cuesta arriba que me permitió estar algo más de dos horas desarrollando un tema que empezaba con la reunión de varias familias en una misma casa para escuchar un programa que, llenaba de sonido las ondas en una franja horaria muy determinada, y luego desaparecía volviendo a reinar el silencio. Una realidad que ha evolucionado, y termina, hasta el presente, a mediados del año 2026, con programas de radio y podcasts que te aburres de elegir escuchar cuando quieras.

También te digo otra cosa, una vez pasada la adrenalina, el sentimiento inicial vuelve.

 


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