Una tarde de relax

Por Guillermo Uruñuela
- Lancelot Digital
- Cedida
─ Guille, el niño tiene que hacer tarea. ¿Te pones tú con él?
─ ¿Qué niño?
─ El tuyo. ¿Cuál va a ser?
─ Tengo tres, especifica por favor. (Luego recapacito. El mayor está con los abuelos y Jimena tiene 13 meses así que por descarte concluyo que es Lucas).
En ese momento mi cerebro se colapsa. Son las 17:00 horas y comienza mi turno en la guardia de Lancelot Digital. Espero tener una tarde tranquila, pienso para mis adentros. Dos minutos después me veo sentado en el escritorio con el portátil preparado; con su editor, correo, redes, Whatsapp y demás herramientas operativas. Hasta la página del horóscopo abierta. Lucas me mira y arranca.
─ Con la A de avión, con la B de barco...
Empieza a pitar el Whatsapp. Llegada de pateras. Saltan varios grupos, llegan fotos, datos, pienso en no sacar la información y esperar a una tarde de guardia para publicar la verdadera noticia. "Hoy no ha arribado ningún cayuco a Lanzarote".
─ Con la D de dedo, con la E de elefante...
─ Muy bien, Lucas. Lo haces perfecto.
Comienza a llover. Me escribe el jefe. Cuatrocientos mensajes después, tengo en mi móvil hasta el último charco que se ha formado en la isla. La cosa va mal. Estoy un par de horas descifrando dónde podrá ser esa puñetera balsa que inunda unas casas. Pregunto y busco información mientras se interesan por saber si está ya todo publicado. Empiezo a sudar de la tensión.
─ Con la K de kimono, con la L de libro.
─ Guille, ¿estás atendiendo al niño?
─ Guille, ¿está todo en portada?
Creo que voy a ir a fumar porque esto ya es insostenible.
¡Consejo de Gobierno para decretar la Fase de Lanzarote!
Ya tengo ganas hasta de llorar. Comunicado del Gobierno de Canarias. Un correo ligero, de esos que tardas entre uno y dos días en leer. Cumple su función, pienso en el fondo. Son tan pomposos esos mails que dan la sensación de que llevan un par de horas trabajando. Volvemos a Fase 3. Mierda. ¿Qué era lo que se podía hacer en esta fase? Llega un PDF con las diferentes tablas. Cuando uno acaba de comprenderlas se da cuenta de que la pandemia ya pasó de largo.
─ Con la N de nariz, con la Ñ de ñandú
─ ¿De ñandú?
─ Sí.
─ ¿Qué es eso?
─ Un pájaro, papá.
─ Judith, ¿sabes lo que es un ñandú?
─ Sí, claro. Ya lo ha explicado Lucas muchas veces en casa.
─ Ya, ya. Estupendo. Era sólo para ver si estabas atenta al chinijo.
Yo ya flipo. El Whatsapp arde. ¿Qué habrá pasado? Ómicron. Lucas, hijo, con la O ¿de qué?
─ De oveja.
Qué mala suerte, pienso. Sabe lo que es un puñetero Ñandú y para una vez que le necesito...
Correo del Cabildo de Lanzarote. Van a proponer en un acto inclusivo la eliminación del género de las palabras.
─ Papi, ¿camión qué es una palabra femenina o masculina?
Ya la hemos jodido. O no publico o no contesto.
Cuatro horas después y con el pelo más canoso se acaba por fin el abecedario. Lucas se levanta, me da un beso y se va.
─ Gracias papi.
─ 76 por 100.000 habitantes a los siete días, le contesto.
Me mira raro.
─ Por cierto, ¿cómo se hace la A?
─ Pues hijo, la A se hace como una A. Yo qué sé.
─ ¿Es un trazo curvo o iglú?
Ahí es cuando el padre responde a una pregunta con otra. ¿Qué es un trazo iglú?
─ Oye, Guille, ¿has publicado la nota de prensa del Cabildo sobre el lenguaje inclusivo?
Hay que fastidiarse. Cómo le digo a mi jefe que era o eso o explicarle a mi hijo que camión es una palabra masculina.