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Va por Manolo  

 

Andrés Martinón

 

 

Hace unas semanas vi la noticia en la que el humorista grancanario Manolo Vieira anunciaba una última gira y su retirada de los escenarios. He de reconocer que un hondo pesar me recorrió. Su humor ha estado presente en casi toda mi vida. Pues creo que no tendría más de 9 o 10 años cuando lo escuché por primera vez.

 

Creo recordar que mi compañero de clase y amigo Mundi era el que lo introdujo entre los niños de la clase. Ese humor muy canario; diría más, grancanario o canarión. Recuerdo lo de la leche en polvo que se pegaba al paladar. Tenía esa virtud del gran comediante de contarte algo que siempre te pasa pero que tú crees que solo te pasa a ti o que no tiene relevancia.

 

Luego llegaron las historias del ambulatorio, la Primera Comunión, es decir, Manolo Vieira había creado una especie de Costumbrismo Cómico muy difícil de alcanzar. Es más, la conocida ahora como Stand Up Comedy era muy poco practicada en la España de los años 80. Se estilaba más el cuentachistes tipo Eugenio o los imitadores (de gran altura y genialidad) como Martes y 13. Sin embargo, Manolo se enfrentaba al público para contarles historias en los que todos asentían como diciendo “si es que eso me ha pasado a mí”.

 

Puestos a comparar a algún genio del humor con Manolo Vieira pondría el caso de Chiquito de la Calzada y me explico. Pese a estilos muy diferentes, ambos utilizaban el recurso del chiste como un vehículo, desechando casi siempre el final y encontrando la verdadera genialidad y la carcajada continua en el nudo o zona media del chiste.

 

Siempre recuerdo el chiste largo que iba sobre un tipo que iba al médico. A mí la genialidad ya me la ofrecía solo con describir al médico. Para no aburrir, pero sé que muchos ya conocen esta historia, el decía que: “Este médico no es como los de ahora. Eso de Houston. Que te operan del pulmón y te matan del corazón. No, que va. Este médico era de los nuestros, de los de toda la vida; de esos que te operan del corazón y te matan del corazón. Con dos cojones”. Es que mientras escribo esto solo me salen risas. El resto del chiste, les soy sincero, ni me acuerdo.

Con la marcha de Manolo Vieira algo de todos los canarios se irá. Se irá ese estilo socarrón y natural del canario a la hora de contar las historias. Se irá un analista, diseccionador y sociólogo en potencia. Un hombre, como el decía, natural de la Isleta Distrito Federal y que defendió nuestra forma de hablar, nuestra forma de ser sin complejos. Me encantaba cuando hablaba del peninsular que nos imita diciendo eso de “muyayo” o “coye”. Y él decía, “que mala suerte la de estos peninsualres que de todos los canarios solo han oído hablar a Mamé El Bobo del Parque Santa Catalina”.

 

Manolo, que la vida te vaya bien. Y que sepas que hiciste feliz a mucha gente, entre los que me incluyo. Demostraste que un canario no tiene que envidiar nada a nadie y que tenemos un tesoro en nuestra forma de ser y en la forma de enfrentarnos a la vida desde el humor. Gracias.

 

 

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