Vaivén

Erica Cerdeña
Me balanceo suavemente sobre la tela. Ella me sostiene y yo no tengo que hacer nada. Nada que pensar, nada antes ni después, ni siquiera respirar. Mi cuerpo sabe bien cómo hacerlo por mí. En ese instante solo puedo sentir ese vaivén que me transporta fugazmente a una idea no buscada, un pensamiento intruso, pero bienvenido.
“Érica, ¿recuerdas cómo te sentiste la primera vez que probaste esto del aeroyoga?” Jajajaja. Fue una sensación increíble. No daba pie con bola y, sin embargo, habría deseado descubrir aquellas sensaciones mucho antes.
Llegaron justo en el momento en que tenían que llegar para que sintiera aquella mezcla de torpeza, vértigo, desafío y calma.
Todo esto que te estoy contando me arranca una amplia sonrisa, me sigue generando un ‘no sé qué’ en la barriguita. Me lleva a la búsqueda de todas esas primeras veces que deseé durante mucho tiempo y que, al final, llegaron para inundarme de emociones y sensaciones que temía y quería al mismo tiempo.
Y entonces pensé que quizá no echamos tanto de menos las primeras veces. Tal vez lo que realmente añoramos es cómo estábamos presentes dentro de ellas. Lo que nos hicieron sentir y vibrar.
Ahora que todo va tan agresivamente deprisa, te cuento un secreto: esa es, muchas veces, mi forma de volver al presente. Detenerme en un suave balanceo para revivir todas las sensaciones y sentimientos que la rutina y las prisas corroen con gran habilidad.
Es el trabajo que tanto querías y que ahora es rutina. La pareja soñada que ahora es costumbre. La familia querida que ahora es paisaje.
Entiéndeme, no se trata de forzar esas vivencias tan propias de las primeras veces. Se trata de volver a ellas de vez en cuando y recordar por qué ocupan un lugar importante en tu vida. Y si ya no aparece ese cosquilleo en la barriguita, bueno… Tal vez estar presente también te ayude a soltar aquello que ya cumplió su ciclo.
Sea como sea, te deseo un suave balanceo siempre que lo necesites. No hace falta esperar a que lleguen tormentas y naufragios. Te deseo que no esperes a que la vida se resquebraje para que te detengas un momento a sentir quién eres. Pero, sobre todas las cosas, te deseo que no temas mirar de frente la verdad. A veces la torpeza viene acompañada de un reto, y a veces el miedo de la mismísima calma.