Lunes, 06 Abril 2026
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Por Antonio Coll

 

Por naturaleza soy optimista,  si bien la experiencia me ha enseñado a contemplar la vida con muchos ingredientes de pragmatismo.  Sobre todo a la clase política que ha dirigido nuestro destino, desde hace unos 25 años. El recorrido por diferentes legislaturas siempre se ha hecho a través de un camino muy empedrado, circunstancia que ha impedido materializar instrumentos y proyectos prioritarios.  En el ámbito insular,  después de 25 años,  aún la isla carece de un dinámico y moderno Plan Insular de Ordenamiento de Lanzarote (PIOL),  tantas veces demandado para apostar por un modelo de isla sostenible y con todas las garantías jurídicas,  capaz de ofrecer soluciones prácticas a proyectos materializados y permitir nuevas inversiones,  en diferentes ámbitos e iniciativas,  que ofrezcan riqueza y bienestar  a todos los habitantes de Lanzarote.  Son ya muchos años hablando del mismo tema, de una herramienta esencial  que,  por motivos diferentes,  siempre ha estado envuelta en unos conflictos poco transparentes que no han estado guiados por el bien común.  Millones,  muchos millones de euros no se han podido invertir por parte de las arcas públicas y privadas, por los intereses de unos cuantos y la patente mediocridad de muchos dirigentes políticos que han impedido vehicular un PIOL que la lógica pide a gritos su aprobación.  Todos conocemos a los enemigos,  a los cómplices  y  a los culpables. Sí, los conocemos,  pero el problema es que siguen en los resortes del poder y siguen con su batería para explosionar todo lo que sea avanzar y mejorar.  Y sobre todo, influir  para dejar todo como está. No les importa los destinos de Lanzarote, el empleo y la economía.  “Ordeñan” mejor desde su inmovilismo, es lo que se percibe.

 

Es verdad que la figura de Pedro San Ginés ha sido primordial para impedir que los mismos detractores “asaltaran” el poder para arruinar la isla, como ocurrió en la época más trágica de los gobernantes socialistas y pilistas, que dejaron en quiebra empresas públicas estratégicas, como Inalsa, Centros Turísticos, Zonzamas y con muchas dificultades económicas al propio Cabildo Insular. Esta realidad no se puede ocultar y, menos mal, que en las últimas luchas de tronos,  las formaciones partidarias de una moción de censura no pudieron llevarla a cabo, porque no se aclaraban ni ellos mismos. ¡Suerte para Lanzarote!

 

En los últimos años, San Ginés (CC) y su gobierno insular,  están protagonizando unos de los mejores periodos de gestión que puede convertirse en uno de las  mejores de la historia insular.  Y todo,  a pesar de existir  una Oposición que por la forma de actuar,  se está transformando,  la mayoría de sus elementos,  en simples “objetos de usar y tirar…”  sin pensar en las consecuencias de futuro.  Ellos sabrán…

 

Arrecife, sin orgullo capitalino

 

El buen quehacer y gobernanza en la primera institución de la isla, ahora con más estabilidad al incorporarse los consejeros del PP, dista bastante en la gestión pública de la corporación municipal capitalina. El Ayuntamiento de Arrecife sigue en decadencia, año tras año.  Su incapacidad gestora y el retroceso que sufre la capital de la isla ya es una enfermedad crónica, una enfermedad de las llamadas raras, porque cuando,  en cada legislatura,  se conforma el grupo de gobierno, la casi totalidad de integrantes se impregnan de virus maliciosos, incluso destruyen cualquier antídoto para curar, al menos,  los síntomas.  En 2007,  bajo el mandato de María Isabel Déniz y Nuria Cabrera,  se abrió una luz de esperanza cuando consiguieron aprobar, inicialmente,  el Plan General de Ordenamiento Urbano y el MasterPlan Puerto-Ciudad de Arrecife,  adjudicado a través de un concurso público de ideas para el desarrollo de actuación en Puerto Naos, Charco de San Ginés, Puerto de Cruceros, Islote del Francés, Salinas y resto de la marina capitalina.  La llegada de nuevos mandatarios en el PSOE que gobernaron en Arrecife junto a un descompuesto PIL, tumbaron los planes y se frenó la propuesta de convertir la ciudad de Arrecife en uno de los mejores espacio naturales de la isla”.  El Charco de San Ginés sigue siendo un estercolero y se capta rápido a marea vacía.   El potencial frente marítimo está a media y solo se ha actuado en un puerto deportivo-náutico, junto al muelle de cruceros.  Múltiples de problemas de la ciudad siguen sin resolverse  y  el proyecto “Arrecife,  capital de la Reserva de La Biosfera” necesita un fuerte impulso para dinamizarla  y “sentir el orgullo capitalino”.  El cambio de Arrecife es solo cuestión de estrategia y capacidad de gestión.  Dudo mucho que el actual  grupo minoritario municipal esté por mejorar la ciudad. Y dudo, incluso que esté por la labor de aprobar el Plan Supletorio de Arrecife,  ya ultimado por  Gesplan,  del Gobierno de Canarias.  Sin ese instrumento de ordenación urbana poco se puede hacer.

 

Se inicia un nuevo año, 2018,  ¿y seguiremos hablando de lo mismo?  Mirando la realidad,  con cierta perspectiva,  es posible que sea inevitable,  sobre todo del PIOT y el PGOA de Arrecife.  Y me indigna escribir con desánimo, que se me atropelle el optimismo y solo reaccione con pragmatismo. Y no pido que un sabio, en todos los ámbitos del conocimiento humano,  como Leonardo da Vinci, ofrezca soluciones al enigmático Lanzarote. No se me ocurre otra idea para el 2018.  Que todos sean felices en el nuevo año…   

 

 

 

 


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