Jueves, 05 Febrero 2026
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a casa josé Saramago

  • Lancelot Digital

 

Hablar de Lanzarote es hablar de César Manrique. Su huella es tan profunda que resulta imposible separar la isla de su visión: el respeto al paisaje, la integración del arte en la naturaleza y la defensa de una identidad propia frente al crecimiento desordenado. Pero Lanzarote no se detuvo con él. La isla sigue creando, transformándose y contando historias más allá de su figura.

Quien viene por primera vez suele recorrer los Centros de Arte, Cultura y Turismo y marcharse con la sensación de haber entendido Lanzarote. Sin embargo, hay otra isla que se descubre cuando se baja el ritmo y se mira con más calma.

La arquitectura cotidiana que define la isla

Más allá de las grandes obras, Lanzarote se reconoce en sus casas blancas, en las carpinterías verdes o azules, en los muros de piedra volcánica que protegen patios y fincas. No es solo una estética: es una forma de adaptarse al viento, al sol y a la escasez de agua.

Pasear por pueblos como Haría, Teguise o Yaiza permite entender cómo la arquitectura tradicional sigue marcando el carácter de la isla. Aquí, el paisaje se respeta.

Artistas y creadores que continúan el legado

Lanzarote alberga hoy talleres de ceramistas, pintores, escultores y artesanos que trabajan desde lo local, muchas veces alejados de los circuitos turísticos. Sus obras dialogan con el volcán, el mar y la memoria de la isla, demostrando que la creatividad sigue viva y en constante evolución.

Visitar estos espacios —a menudo pequeños y discretos— es una manera de conocer una Lanzarote más íntima, donde el arte no se exhibe, sino que se vive.

Espacios culturales con alma propia

Además de la Fundación César Manrique, la isla cuenta con otros lugares cargados de significado, como la Casa Museo José Saramago, donde el Nobel de Literatura pasó sus últimos años. Estos espacios no solo se visitan: se sienten. Son puntos de reflexión que conectan Lanzarote con el pensamiento, la literatura y el compromiso social.

Una identidad que se protege cada día

La verdadera herencia de Manrique no está solo en sus obras, sino en la conciencia colectiva que dejó. En Lanzarote existe un debate permanente sobre el territorio, el turismo y los límites del crecimiento. Y eso también forma parte de su cultura.

Descubrir Lanzarote más allá de César Manrique es entender que su mensaje sigue vivo en cada decisión cotidiana, en cada casa que no se eleva más de lo necesario y en cada rincón donde el paisaje sigue siendo el protagonista.

Porque Lanzarote no es un museo al aire libre: es una isla que sigue creando, pensando y defendiendo lo que es.


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