¿Sabes qué fiesta desconocida y única puedes encontrar en un pequeño pueblo de Lanzarote?

En Tenésara, donde el mar rompe contra la lava, una tradición marinera se niega a desaparecer
- Lancelot Digital
- Archivo Lancelot
Entre las costas negras del municipio de Tinajo, en Lanzarote, se esconde un pueblo que parece suspendido en el tiempo: Tenésara, o “Teneza”, como lo nombran los vecinos. No hay tiendas, ni hoteles, ni calles asfaltadas del todo. Solo el rumor constante del Atlántico y unas cuantas casas blancas mirando al horizonte. Pero una vez al año, este rincón silencioso se llena de música, risas y aroma a mar: es la Fiesta del Erizo.
La celebración tiene lugar cada septiembre, generalmente dos semanas después de las Fiestas de Los Dolores, cuando los vecinos se reúnen para despedir el verano con una mezcla de devoción popular y pura alegría isleña. El nombre viene del erizo de mar, que en tiempos pasados se recogía en la costa y se compartía como manjar durante la fiesta, acompañado de “aguapata”, una bebida artesanal previa al vino nuevo.
Antes era una parranda sencilla: guitarras, timple, vino y mar. Así lo cuentan los más veteranos de Tinajo. Poco a poco se fue llenando de gente, pero aunque la música de verbena y los refrescos industriales han ido sustituyendo al sabor salado del erizo recién abierto, la esencia permanece: la reunión de una comunidad alrededor del mar.
En medio del paisaje volcánico, con el sol cayendo sobre los riscos y el sonido del oleaje golpeando las piedras, la Fiesta del Erizo es más que una celebración: es una declaración de identidad. Una forma de recordar que incluso en los pueblos más pequeños —aquellos que no salen en los mapas turísticos— laten las tradiciones que mantienen viva la memoria de la isla.
Así, mientras los vecinos brindan y los músicos afinan el timple, Tenésara revive su antigua costumbre. Porque en Lanzarote, donde el fuego y el mar se abrazan, también hay lugar para un erizo y una fiesta que resisten al paso del tiempo.