22 años después se abre la veda del mejillón majorero

El Gobierno de Canarias autoriza su recolección en Fuerteventura hasta el 30 de noviembre, con límites para garantizar la conservación de este apreciado recurso marino
- Lancelot Digital
El mejillón majorero volverá a las capturas después de 22 años de veda. El Gobierno de Canarias ha autorizado la recolección de mejillón canario (Perna perna) en Fuerteventura hasta el próximo 30 de noviembre de 2026, atendiendo una solicitud de la Cofradía de Pescadores de Gran Tarajal. La medida permitirá recuperar esta actividad tradicional bajo determinadas condiciones y límites.
Este molusco es un producto muy valorado por su sabor y su importancia en la gastronomía majorera. Sin embargo, la intensa presión extractiva del pasado, con una recolección masiva que llegó a poner en peligro el recurso, obligó a prohibir su captura en 2004 para favorecer la recuperación de sus poblaciones.
Ahora, el sector pesquero artesanal sostiene que el mejillón ha experimentado una recuperación que permite retomar su aprovechamiento de forma controlada. La autorización contempla condiciones específicas tanto para la actividad profesional como para la recreativa, por lo que la reapertura no supone el levantamiento definitivo de la veda.
Paralelamente, la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria ha encargado a la empresa pública TRAGSATEC un estudio científico para evaluar el estado actual de las poblaciones y determinar su capacidad de recuperación. El trabajo estará finalizado previsiblemente en el verano de 2027 y servirá para orientar futuras decisiones sobre la gestión de este recurso.
La última evaluación científica de las poblaciones de mejillón canario en Fuerteventura se realizó en 2014. La actualización de estos datos permitirá conocer mejor su evolución y establecer si es posible ampliar o modificar las condiciones actuales de extracción sin comprometer su conservación.
Tras más de dos décadas de espera, el regreso del mejillón majorero supone una oportunidad para los profesionales del mar y para recuperar un producto emblemático de la gastronomía insular. El reto será compatibilizar su aprovechamiento con la protección de las poblaciones, evitando que la sobreexplotación vuelva a poner en peligro su futuro.