Martes, 21 Julio 2026
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El 25% restante corresponde a empresas y negocios, que aglutinan la mayor cantidad de energía defraudada

El 25% restante corresponde a empresas y negocios, que aglutinan la mayor cantidad de energía defraudada

  • Lancelot Digital

 

Endesa, a través de su filial de Redes e-distribución, detectó en 2025 una media de tres fraudes eléctricos al día en Canarias, una cifra que supera en más de 350 los casos descubiertos en el ejercicio anterior. La incorporación de las últimas tecnologías que permiten comparar parámetros, la IA, así como contadores más precisos y resistentes a la manipulación, son elementos que permiten detectar los casos de fraudes en el sistema energético canario.

Yaiza Suárez Felipe, técnico de Inspección de Endesa en Canarias, destaca que hay más casos de fraude eléctrico de lo que se piensa y que, en muchas ocasiones, se asocia por error a la pobreza energética, pero “no siempre es así”. En el caso de las Islas, el fraude predominante son los enganches ilegales a la red de distribución. Aquellos conectados por personas que no son especialistas, que no utilizan materiales adecuados y que no disponen de las protecciones necesarias.

Por ello, subraya, supone un riesgo para las personas que manipulan las redes, pero también para quienes residen en el lugar en el que se encuentran esas instalaciones y para el personal que realiza las revisiones. “El mayor problema del fraude es el riesgo que está asociado a él”, advierte.

Víctor Martínez, también técnico de Inspección de Endesa, incide en que no es solo un riesgo físico para las personas, sino también para el medio ambiente, pues estas instalaciones fraudulentas pueden provocar accidentes en zonas sensibles, como por ejemplo en la naturaleza. “Quien comete  fraude eléctrico no solo pone en riesgo su vida, sino también la de otras personas, a las infraestructuras y al medio ambiente. Es algo serio”, sentencia.

La técnico abunda en que, aunque el 75% de los fraudes detectados en las Islas se dan en el ámbito doméstico, el 25% restante corresponde a empresas, tales como comercios, restaurantes o industrias que buscan defraudar y pagar menos de lo que les corresponde por su consumo. De hecho, añade, la mayor parte de la energía defraudada es por estos suministros irregulares no domésticos. “Es algo que pagamos todos y que cuesta recuperar”, señala Yaiza Felipe.

La IA para detectar los fraudes

Víctor Martínez detalla en qué momento Endesa decide realizar in situ una revisión se realizan las revisiones. “A través de la IA vemos los consumos que tiene una vivienda, una industria o un comercio y cómo han evolucionado. Dependiendo de cómo hayan sido, enviamos a campo a un equipo para que revise la instalación. Ahí se pueden detectar fraudes por manipulación del contador o enganches directos a la red”.

Yaiza Suárez añade que los diferentes métodos de análisis de datos, modelos de autoaprendizaje y la IA funcionan como unos chivatos que avisan de cuándo un suministro no concuerda. “En ocasiones se realizan inspecciones de forma proactiva cuando algún dato resulta sospechoso, el consumo no concuerda con la potencia contratada, o hay un suministro nuevo, o después de que se haya recibido una denuncia a través de los canales habilitados”, incide.

Víctor explica que lo primero tras detectar un fraude es analizar de qué tipo es, y eso se concreta leyendo las actas levantadas por el técnico que haya realizado el trabajo de campo. “No es ir, ver y denunciar”, aclara, sino que las actas, van acompañadas de fotografías y otros datos y se analiza en detalle cada expediente.

Tanto Víctor como Yaiza relatan que a veces se dan casos en los que las inspecciones deben hacerse en compañía de fuerzas y cuerpos de seguridad, sobre todo cuando se realizan en zonas catalogadas previamente como conflictivas.

La evolución de los contadores

Una de las herramientas para detectar y prevenir el fraude eléctrico son los propios contadores de la luz. Y si hay un experto en ellos es Amador Ramírez, responsable del equipo de Inspección, quien, además, ha creado una suerte de museo de este tipo de instalaciones, con piezas tan antiguas como una que se remonta al año 1933, muy distinta a las actuales. Ramírez detalla que esta pieza en concreto, la más antigua de su colección, porta mecanismos similares a las esferas de un reloj, cuatro en total. En aquella época, la electricidad necesaria en un domicilio era muy baja, porque había pocos electrodomésticos. “Bastaban cuatro dígitos para contabilizarla, que son las cuatro esferas del contador”, explica.

Desde entonces hasta llegar a los modernos contadores actuales ha habido que recorrer un largo camino. “Cuando entré en la empresa, en el año 1986, existían los contadores mecánicos, que disponían de unas bovinas de inducción y unas rueditas que hacían girar un disco. Con el tiempo entra en escena la electrónica, con contadores más vivos, con mediciones más eficientes, hasta que en el año 1997 se aprueba el reglamento punto de medida que ya obliga a tener los contadores que hay actualmente, que hacen que la medida en las viviendas y en la industria sea más eficiente”, relata.

Una de las particularidades de los contadores de hoy día es que son muy difíciles de manipular. En opinión de Ramírez, hay que tener “nivel hacker” para poder adulterarlos, ya que tienen un elevado nivel de protección, que va desde diferentes claves electrónicas hasta alarmas integradas que saltan si se abre el dispositivo y generan automáticamente un aviso para realizar una inspección a la instalación.

Respecto a la toma de datos por parte de estos modernos aparatos, Ramírez ha expuesto el nivel de detalle de las mediciones que realizan: “Los contadores, hoy en día, parten un kilovatio en 4.000 trocitos, y cada uno es medido, por lo que no se escapa nada. Así, desde el punto de vista de la medición, es más justo, porque el cliente paga solo por lo que consume”.

Para completar el proceso, explica que gracias a unos analizadores instalados en las cabeceras de las redes, los sistemas son capaces de comparar los datos que de ahí se obtienen con los de los contadores de la zona y detectar cualquier anomalía. Cuando eso ocurre, se puede saber con mucha exactitud de dónde procede ese consumo.


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