2026: lo hecho, lo pendiente y los grandes retos de Lanzarote

- Lancelot Digital
Lanzarote inicia el año 2026 con una sensación compartida: se ha avanzado en asuntos clave, pero los desafíos siguen siendo enormes. El balance de gestión del Cabildo en estos dos años refleja una etapa de mayor actividad y toma de decisiones frente a la parálisis vivida en el mandato anterior, aunque no exenta de carencias y asignaturas pendientes.
Uno de los principales méritos del actual gobierno insular, presidido por Oswaldo Betancort, ha sido afrontar sin rodeos los problemas estructurales que amenazaban tanto el desarrollo económico como la calidad de vida de los ciudadanos. El agua, el planeamiento territorial, las políticas sociales y la Sanidad han sido ejes prioritarios de una acción política que, al menos, ha intentado dar respuesta a lo urgente.
En materia hidráulica, los avances son incuestionables. La llegada de tres desaladoras portátiles ha permitido reducir los cortes de suministro que durante años castigaron a la isla. Se ha iniciado la renovación de una red de tuberías obsoleta, con pérdidas superiores al 50%, absolutamente inaceptables en un territorio con escasez hídrica crónica. A ello se suma la compra de miles de membranas para mejorar la eficiencia de las desaladoras y la sustitución de bastidores que aportarán más de 10.000 metros cúbicos adicionales.
En breve entrará en funcionamiento la nueva conducción del norte, una reivindicación histórica de Haría y Guatiza, y ya se ejecuta el complejo de producción de agua de regadío de La Santa, una de las inversiones más potentes de los últimos años, financiada con fondos europeos que el anterior gobierno dejó perder por su inacción. Especial relevancia tiene también la decisión de iniciar el proceso para apartar a Canal Gestión de la isla, al haberse convertido más en un problema que en una solución, una medida arriesgada pero necesaria que el anterior mandato no se atrevió a afrontar.
No es casual que el agua haya sido una prioridad. Junto a la electricidad, constituye la principal infraestructura crítica de Lanzarote. Sin un ciclo integral moderno y funcional, el turismo, el comercio, la agricultura y cualquier actividad productiva quedarían seriamente comprometidos. En ese sentido, el empeño del actual grupo de gobierno por salvar un sistema que hacía agua por todas partes es uno de sus mayores activos.
En el balance también figuran la recuperación y modernización de los parques eólicos, algunos de ellos abandonados durante años, como el de Los Valles; el rescate de infraestructuras sociales esenciales como la Residencia de la Cruz Blanca o la de Mayores de Tahíche; y la renovación del Matadero Insular, una actuación largamente postergada por anteriores gobiernos.
Mención aparte merece el desbloqueo del planeamiento territorial. Durante el mandato de Dolores Corujo, documentos fundamentales quedaron enterrados en un cajón —como el Plan Especial de La Geria— o directamente se desecharon, como el Plan Insular de Ezquiaga. Hoy, varios de esos instrumentos vuelven a caminar hacia su aprobación, algunos en este mandato y otros quedando preparados para el siguiente, algo imprescindible para ordenar el crecimiento y dar seguridad jurídica.
En Sanidad, los avances son apreciables. El Hospital General se ha quedado pequeño y obsoleto para una población que casi se ha duplicado en las últimas dos décadas. De ahí que la vivienda pública y social se haya convertido en otra prioridad del pacto CC-PP, con la previsión de que en este mandato se construyan y entreguen más viviendas que en los últimos treinta años, aun sabiendo que nunca serán suficientes.
La gran asignatura pendiente sigue siendo, sin embargo, la modernización de las carreteras. La congestión, la inseguridad vial y el retraso en infraestructuras estratégicas pesan como una losa. No está claro que la LZ-40, el desdoblamiento de Puerto del Carmen, pueda iniciarse en este mandato, y es seguro que no lo hará la LZ-5, atrapada aún en el eterno debate sobre el soterramiento del tramo del aeropuerto. Este es, probablemente, el borrón más visible en una gestión intensa, pero todavía incompleta.