Adislan y NC, el tiro por la culata

- Lancelot Digital
La política exige rigor, y cuando se trata de servicios esenciales, la prudencia debería ser aún mayor. La intervención de una diputada de Nueva Canarias en el Parlamento de Canarias, Natalia Santana, señalando a Adislan, ha abierto una polémica que merece ser analizada con calma... y con responsabilidad.
Adislan no es una entidad cualquiera. Es una ONG con más de 30 años de trayectoria en Lanzarote, que atiende a más de 500 personas y da empleo a más de 200 trabajadores. Una organización profundamente integrada en la sociedad y avalada por años de trabajo serio con los colectivos más vulnerables.
Por eso, las acusaciones vertidas —ya desmentidas de forma contundente por la propia entidad en su comunicado— no solo sorprenden, sino que resultan especialmente graves. No hablamos de debates abstractos, sino de poner en entredicho el trabajo de quienes sostienen un servicio social imprescindible.
Cabe preguntarse de dónde proceden esos datos y con qué rigor se han trasladado al Parlamento de Canarias. Porque cuesta creer que una intervención de este calibre no esté basada en información sólida. Más bien parece que alguien, con intereses poco claros, ha sabido colar un relato que ha terminado en sede institucional. Nos da que Nueva Canarias en Lanzarote no debe de estar muy orgullosa de la ligereza de esa denuncia.
Y aquí es donde el ruido político hace más daño que nunca. Porque no ha faltado quien, además, haya intentado mezclar este asunto con la polémica de la residencia de mayores de Amavir, forzando una narrativa que pretende apuntar a un supuesto descontrol en el área de Bienestar Social en Lanzarote. Una simplificación interesada que no se sostiene y que solo contribuye a confundir a la ciudadanía.
Se puede fiscalizar. Se debe exigir transparencia. Pero no todo vale en política, y mucho menos cuando se juega con la reputación de entidades que trabajan con personas vulnerables.
Adislan ha hablado claro. Ahora toca escuchar, rectificar si corresponde y, sobre todo, no volver a cruzar ciertas líneas. Las sobreactuaciones en casos tan delicados, sobran.
Lo que parece claro es que a alguien le ha salido el tiro por la culata y tratando de herir a ese colectivo y a sus gestores, no da que la bala ha terminado en su propio pie.