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Arde Lanzarote

 

  • Lancelot Digital
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    No es un día, ni dos. Ni una semana, dos o tres. No es un mes… es que Lanzarote lleva meses ardiendo, por así decirlo. No hay mañana de que no nos levantemos con la noticia de que durante la madrugada los Bomberos han tenido que sofocar el incendio de un contenedor, de una palmera o de un coche. De que ha ardido un solar, una casa abandonada o de que el fuego ha afectado a una vivienda cercana. No hay jornada en que no se haya producido un incendio, a todas luces provocado, en la isla. A estas alturas, y tras cientos de enseres calcinados, es difícil que un vecino de la isla, especialmente de Arrecife, se atreva a aparcar su coche al lado de un contenedor, por si esa noche es en la que, al pirómano, o los pirómanos, les da por visitar su calle y hacer de las suyas. Es un problema sin duda que genera temor e inseguridad ciudadana, en primer término, pero también, y no es menos importante, es una sangría económica constante a las arcas públicas.

     

    El número de contenedores quemados en Lanzarote se ha elevado peligrosamente en los últimos meses, y no hay economía que resista tener que estar cambiando constantemente estas piezas de mobiliario urbano que quedan, tras la quema, en la mayoría de las ocasiones, inutilizables. Hablamos de material que es de todos y que, por tanto, pagamos entre todos, con nuestros impuestos. Ese dinero que se gasta, una y otra vez, en comprar lo mismo, para reponerlo, no va para otras muchas cosas que necesita la isla. En el caso de la capital, de manera acuciante.

     

    En este tipo de situaciones cobra mucho más sentido la iniciativa de incrementar en las ciudades las cámaras de seguridad ciudadana que tendrían, aunque solo fuera eso, un efecto disuasorio sobre los enemigos de lo público, ya sean pirómanos, delincuentes o agresores. La teoría de un Gran Hermano que vela de esta manera por la seguridad de una ciudad, que tiene muchos detractores, tiene también cada vez más adeptos y es que, gran parte de la ciudadanía, que no tiene nada que esconder, prefiere poder irse a dormir tranquilo, sabiendo que, si a un loco le da por quemar su coche, le caerá encima todo el peso de la Ley. Es un tema complejo y controvertido sobre el que sería interesante debatir de manera pública y urgente porque, lo cierto, es que los lanzaroteños están más que hartos de esta situación. No se puede permitir este vandalismo en una isla, eminentemente turística como es Lanzarote. Hay que atajarlo. Cuanto antes. Por nuestra imagen, por nuestros bolsillos y por nuestra seguridad.