Lunes, 06 Abril 2026
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Si la norma en vigor impide la existencia de bodegas como La Geria, Stratvs o Rubicón (por no citar al resto igualmente excelentes) lo que se necesita cambiar es la norma, y no las bodegas. Si las normas impiden que puedan existir instalaciones vinícolas de gran singularidad, altísimo nivel y calidad sobradamente valorada fuera de nuestras fronteras, que son ejemplos reconocidos de respetuosa integración en el paisaje y de exquisita intervención humana en su entorno, cuya actividad proporciona además un gran valor añadido al conjunto del sector turístico insular, es evidente que lo que se debe modificar es la normativa que no permite que la isla cuente con bodegas de esta categoría. Lanzarote debe apostar por la excelencia, y no por la parálisis en la que lleva años sumida.

 

Cuando las normas se convierten en un fin en sí mismo, y no en el medio para lograr el objetivo, ocurre que el imperio de la ley se puede terminar convirtiendo en una dictadura legal y que al final sea más importante tratar de encajar en una ley inadecuada que lograr el fin para el cual se aprobó. Algo está fallando cuando, sobre uno de los paisajes más hermosos del mundo, paradigma donde los haya de cómo la mano humana modela el territorio en una simbiosis armónica entre hombre y naturaleza, planea una niebla de inseguridad jurídica recayendo en un sector vitivinícola que intenta ejercer y desarrollar su actividad en medio de un calvario legal plagado de obstáculos y de un intervencionismo excesivo.

 

El asunto no es baladí y merece una reflexión muy seria. El reciente cierre de Stratvs, considerada una de las bodegas más modernas de Europa y una de las más reconocidas y premiadas a nivel internacional, ha puesto al sector en situación de alarma. Los bodegueros ya no esconden su honda preocupación ante un futuro incierto: podrían cerrarse el resto de bodegas de La Geria pues todas se encuentran en condiciones similares, bajo el paraguas de un limbo de alegalidad administrativa, cuando no de manifiestas contradicciones legales.

 

Desde que en el año 98 la zona de La Geria fuera catalogada dentro de la Ley de Espacios Protegidos de Canarias, se comenzó a elaborar un sistema de ordenación normativa a fin de poder regular el uso y gestión de sus espacios, o sea, con el fin de saber qué se puede hacer y qué no se puede hacer en esa zona, pues proteger, por mucho que a algunos les pese, no es sinónimo exacto de prohibirlo todo. El caso es que desde entonces han pasado nada menos que 16 años para que la aprobación definitiva de este importantísimo instrumento, el Plan Especial de La Geria, esté a punto de culminarse el próximo mes de julio, una vez que se proceda a su publicación en el BOC. Un periodo de tiempo en el que, mientras la elaboración del Plan se demoraba interminablemente en medio de la ya proverbial dejadez administrativa y política, el sector vitivinícola experimentaba un auge y avance imparables convirtiéndose, incluso en plena crisis, en punta de lanza que despuntaba con fuerza dentro de la actividad económica insular, logrando la internacionalización de nuestros caldos y la consolidación de la marca Lanzarote.

 

Especialmente en los últimos años, la transformación del sector se ha ido abriendo camino a través de una renovación profunda, sumándose a la corriente que ya impera en el mercado turístico mundial, y encajando paulatinamente en un nuevo concepto emergente: el enoturismo.

 

Este ha sido precisamente el cambio más significativo: la industria bodeguera insular ya ha dejado de ser exclusivamente industria en sentido estricto, es decir transformadora del producto primario (la uva) en producto elaborado (el vino), para pasar a aportar al conjunto de la economía insular un muy considerable valor añadido asociado al sector servicios, complementando y ofreciendo un atractivo producto turístico de primer orden.

 

En la actualidad de los dos millones de turistas que anualmente visitan Lanzarote, en torno a 500.000, es decir un 25 por ciento, pasan por las bodegas de La Geria, lo que la convierte en la zona enoturística de más afluencia de toda España, muy por encima de otras áreas como La Rioja, un dato que apenas se conoce pero que indudablemente no puede pasarse por alto si se pretende abordar la situación con un mínimo de rigor. De hecho, hasta tal punto se ha generado La Geria como un indudable foco de atracción turística que muchos la consideran en la práctica un centro paralelo más de la red de los Centros de Arte Cultura y Turismo de la Isla de Lanzarote. Muy lejos queda aquella imagen de La Geria, de finales de los 70 y principios de los 80, donde el agricultor lanzaroteño abandonaba el cultivo de la viña debido a su imposibilidad de subsistencia.
Es por ello que el Plan que verá la luz el próximo mes llega tarde, nace ya obsoleto y prácticamente inservible en una parte importante de su articulado que no se adapta a los nuevos tiempos. Lo que se necesita ahora es una regulación que permita adaptarse a la nueva realidad y permita la subsistencia de La Geria vinculada a la actividad vitivinícola y a su singularidad medioambiental y paisajística, y por ende, al importantísimo papel que ha ido adquiriendo como foco de atracción enoturística.

 

De hecho, el mes pasado el Cabildo de Lanzarote aprobó a instancias de todas las formaciones políticas, excepto Alternativa Ciudadana, solicitar al Gobierno de Canarias la modificación puntual del Plan, fundamentalmente en lo que se refiere a las actividades y usos que se pueden llevar a cabo así como al tamaño y ampliación de las bodegas. El consenso es mayoritario y ampliamente generalizado ya que, por ejemplo, carece de toda lógica limitar las instalaciones de las bodegas a 1.500 m2, si queremos ofrecer a nuestros visitantes la posibilidad de disfrutar de un buen restaurante, de una sala de catas o de disponer de todos los servicios adecuados para ofrecer un producto diferenciado y de calidad.
La Geria necesita poder moverse sin tan estrictas ataduras normativas, porque eso es precisamente lo que garantizará su conservación y no los excesivos amarres legales que le impiden avanzar. La ley es absolutamente necesaria y nadie puede saltársela. Por lo que es preciso más flexibilidad y libertad de acción, pues un excesivo amordazamiento normativo ahoga las posibilidades de un sector que en estos momentos se ha convertido en uno de los motores generadores de nuevo impulso dentro los escasos nuevos nichos de diversificación económica existentes en Lanzarote, y nuestra actividad vitivinícola es motivo de orgullo para una isla ya de por sí singular y especial.

 

El paisaje de La Geria no corre peligro por la mano del hombre, es justo al contrario: corre peligro si el hombre deja de intervenir en ella. Una mal entendida protección medioambiental, aboca precisamente a su extinción, justo lo contrario de lo que se pretende. A tanto han llegado posicionamientos demasiados puristas que probablemente a día de hoy sería impensable construir los Jameos del Agua o la misma Fundación César Manrique, modelos de mimetización y relación armoniosa entre el hombre y el territorio. Son ejemplos incontestables que ponen de manifiesto que la intervención humana, si se hace con sentido común, de forma coherente y exquisita, no sólo no deteriora el entorno, sino que además de conservarlo, lo mejora y lo embellece. Hay otros ejemplos dignos de destacar, como es el Centro de Interpretación del Parque Nacional de Timanfaya, una obra arquitectónica que se funde a los ojos con el mismo paisaje donde está enclavado, y que se encuentra ubicada en un espacio enmarcado bajo una figura cuya protección es mucho mayor.

 

Como en todo, in medio virtus, que decía el filósofo. Pretender compatibilizar el bienestar y progreso de los seres humanos con el respeto al medio ambiente no es en modo alguno defender la acción depredadora y especuladora del hombre sobre el territorio. Sólo lo entienden así quienes se posicionan en el otro extremo: una suerte de fundamentalismo ecológico que también existe, detrás del cual a veces lo que se esconde son hostilidades personales y una superioridad moral que pretende enseñarnos a los lanzaroteños cómo debemos intervenir en nuestro entorno.

 


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