Control para el turista, descontrol en nuestras fronteras

- Lancelot Digital
Italia decide controlar sus fronteras con España tras la crisis migratoria de Ceuta y España responde haciendo lo mismo con los viajeros procedentes de Italia. En Canarias, la medida afecta a cientos de miles de visitantes y añade más controles a unos aeropuertos que ya sufren problemas de saturación.
Y mientras tanto, la imagen que deja Ceuta resulta difícil de explicar al ciudadano. A finales de julio, decenas de miles de personas lograron entrar desde Marruecos en una frontera española que quedó desbordada. El impacto todavía se arrastra: Interior contabiliza más de 5.000 entradas irregulares en Ceuta hasta mediados de agosto, sin incluir aquella entrada masiva.
La paradoja es evidente. Para quien llega en un vuelo desde un país europeo se organizan controles, policías y verificaciones documentales. Para quienes intentan atravesar irregularmente una frontera exterior de la Unión Europea, el Estado parece llegar siempre después del problema.
Y en Lanzarote la contradicción adquiere otra dimensión. El turista británico, uno de los grandes pilares de nuestro mercado turístico, ya soporta largas esperas en los controles de pasaportes, mientras los aeropuertos necesitan más medios para atender con normalidad una entrada perfectamente legal.
No se trata de enfrentar al turista con el inmigrante, ni de reclamar barra libre para nadie. Se trata de algo mucho más sencillo: que las fronteras funcionen, que la inmigración irregular se gestione con firmeza y humanidad y que quien entra legalmente en España no pague con esperas y burocracia la incapacidad del Estado para controlar adecuadamente sus fronteras.
Porque controlar al que cumple las reglas es fácil. Lo difícil —y lo verdaderamente urgente— es impedir que las reglas dejen de cumplirse.