Editorial: La "espina" de Corujo que todavía sangra

- Lancelot Digital
María Dolores Corujo vuelve a por el Cabildo. Quiere presentarse a las primarias del PSOE para intentar recuperar en 2027 la Presidencia que perdió hace tres años. Lo hace reivindicando el proyecto de su anterior etapa y poniendo nuevamente sobre la mesa vivienda, servicios sociales, agua, sanidad y territorio. Está en su derecho. Pero también tendrá que aceptar que su regreso obliga a mirar de frente aquella derrota. Porque la espina no es solamente que Oswaldo Betancort le ganara por 69 votos cuando ella era la presidenta y tenía todo a su favor. La verdadera espina es preguntarse por qué una parte del electorado que podía haber mantenido al PSOE decidió cambiar de papeleta.
Aquella noche CC ganó con 14.390 votos frente a los 14.321 del PSOE. Ocho consejeros cada uno. Una diferencia mínima, pero suficiente para cambiar el Gobierno del Cabildo.
La lectura política que quedó entonces fue que Betancort no solo recibió el voto de quienes querían votar a CC. También pudo convertirse para algunos electores en el instrumento para evitar una nueva Presidencia de Corujo. Un voto útil, transversal, nacido más del rechazo a una determinada forma de gobernar que de la adhesión al candidato nacionalista.
Y ahí está una de las claves que Corujo tendrá que afrontar.
No fue únicamente una cuestión de gestión. También pesó una forma de hacer política que muchos identificaron con el sectarismo, la confrontación permanente y la política del retrovisor. Una etapa en la que la figura de Carlos Espino, su hombre de máxima confianza y jefe de gabinete, quedó asociada a esa manera de entender el poder.
El problema para Corujo es que muchas de aquellas cuestiones que entonces justificaban el cambio siguen formando parte ahora de su nuevo discurso.
Vivienda. Servicios sociales. Agua. Territorio. Planificación.
Pero ¿qué ocurrió cuando tuvo cuatro años para actuar? El PIOT se tiró a la basura. La Geria continuó esperando su ordenación y se escondió el documento en la gaveta. Las grandes infraestructuras avanzaron con demasiada lentitud y, en servicios sociales, la relación con parte del tercer sector estuvo marcada por el conflicto. Se puede discutir quién tiene responsabilidad en cada retraso, porque muchos de estos problemas vienen de mucho antes, pero no se puede pedir al ciudadano que olvide quién estaba gobernando cuando tuvo que tomar decisiones.
Mientras tanto, Betancort puede exhibir ahora avances en algunos de esos expedientes. El nuevo PIOT ha entrado en tramitación y el Gobierno insular ha retomado la planificación territorial y el Plan Especial de La Geria. Eso no convierte su gestión en intocable: también tendrá que responder por sus errores, sus retrasos y sus propias promesas incumplidas.
Pero la diferencia política es importante. Corujo no vuelve como una candidata nueva. Vuelve como expresidenta que perdió el Cabildo y que ahora pide otra oportunidad.
Y probablemente esta sea no su última gran oportunidad política para sacarse aquella espina, sino para no caer en el ostracismo político en su partido y convertirse en un jarrón chino que los nuevos barones del PSOE no sabrán muy bien dónde colocar sin que moleste y reste al nuevo PSOE que debe surgir tras su prolongada etapa de poder.