Editorial: Oswaldo Betancort y el giro histórico en la gestión del agua

- Lancelot Digital
La decisión del Cabildo de Lanzarote de recuperar la gestión del ciclo integral del agua bajo un modelo 100% público supone un punto de inflexión en una de las materias más sensibles y debatidas de la política insular. Impulsada por el presidente del Cabildo, Oswaldo Betancort, la medida se presenta como una apuesta estratégica de gran calado, tras años de críticas a la gestión externalizada.
No obstante, se trata de una decisión que no está exenta de riesgos. Por un lado, la viabilidad económica del nuevo modelo dependerá de la capacidad del Consorcio para asumir la gestión sin incrementar su endeudamiento, en un contexto en el que la infraestructura hídrica sigue siendo frágil y costosa de mantener. Por otro, existe el riesgo de generar expectativas sociales excesivas en torno a una mejora inmediata del servicio, cuando los problemas estructurales del agua en la isla no se resuelven únicamente con un cambio de operador.
En paralelo, la salida de Canal Gestión cierra una etapa marcada por el debate político y la confrontación sobre su eficacia. Durante años se cuestionó su gestión sin que se materializara una alternativa definitiva, mientras los problemas de red y suministro persistían. Este movimiento reordena además el relato político insular, con un nacionalismo de Coalición Canaria que reivindica la decisión como un giro estructural en la política del agua.
En este contexto, también se han señalado las críticas hacia la gestión de la anterior presidenta del Cabildo, Dolores Corujo, durante la pasada legislatura. Desde distintos ámbitos se le reprocha haber mantenido un discurso muy crítico con Canal Gestión sin llegar a impulsar una alternativa efectiva ni iniciar los procedimientos necesarios para un cambio de modelo, lo que prolongó un escenario de confrontación política sin resolver el problema de fondo.
En cualquier caso, el tiempo será el que determine si esta apuesta por la gestión pública consolida una mejora real o si, por el contrario, reproduce viejos problemas del pasado. El tiempo dirá si fue un acierto sacar a Canal Gestión o no, pero ahora se comprobará si aquellas soflamas de que volver a lo público es positivo se traducen en hechos, o si la nueva etapa corre el riesgo de acabar como la antigua INALSA, que entró en quiebra a comienzos de los años 2000 bajo gobiernos del PSOE.
De momento, Oswaldo Betancort ha asumido una decisión valiente que muchos ya califican de histórica. Con ella, además, ha logrado imponerse en el terreno del relato político, bastante aguado —ya que hablamos de agua— durante los últimos años y especialmente en el anterior mandato de Dolores Corujo como presidenta cuando el Cabildo dejó el ciclo integral en una situación peor de la que encontró al llegar al gobierno.
Sin embargo, Betancort y su equipo cometerían un error si interpretaran este paso como una victoria definitiva. Recuperar la gestión pública puede haberles permitido ganar una importante batalla ideológica, pero la verdadera prueba comienza ahora. Porque los ciudadanos no juzgarán los discursos ni las declaraciones de intenciones, sino los resultados: que haya menos averías, menos cortes, más agua y un servicio eficaz. En política, y más aún en materia de agua, los relatos tienen fecha de caducidad; la gestión, en cambio, acaba imponiéndose siempre.