Lunes, 06 Abril 2026
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El Plan Insular de Ordenación del Territorio de Lanzarote (PIOT) es un instrumento estratégico cuyo valor es de tal magnitud y calado para la isla de Lanzarote que, haciendo un mínimo ejercicio de reflexión, es difícil comprender cómo ha sido posible que a mediados de 2014 aún no hayamos sido capaces entre todos de ponerlo en marcha, máxime cuando fue aprobado el avance de este documento hace ya cuatro años, en 2010. Al igual que el cuento de la buena pipa, el Plan Insular se ha visto envuelto en un bucle interminable, sin principio ni fin, donde entre unos y otros se ha ido mareando la perdiz abocando a la isla de Lanzarote a funcionar a ralentí, sin apenas movimiento generador de economía y sin posibilidad por el momento de poner a punto el motor que impulsaría esta isla y la conduciría a implantar un modelo real de desarrollo sostenible, y no ficticio como llevamos años teorizando.

 

Desde que a finales de 2007, bajo la presidencia de Manuela Armas, el Cabildo adjudicara su redacción al equipo del reconocido urbanista Ezquiaga, con la intención de culminarlo en una legislatura, han pasado más de seis años, y este documento, es decir, la norma reina insular que dirige, ordena y vertebra el modelo que entre todos queremos para Lanzarote, continúa hibernando en medio de los interminables y demasiado recurrentes retrasos burocráticos, por un lado, y de las ya manidas y también demasiado recurrentes excusas o argumentaciones varias de nuestros representantes públicos, por otro, que no hacen sino demostrar la incapacidad de nuestra clase política en general para mirar más allá de su propio ombligo partidista y, por consiguiente, actuar con auténtico sentido de responsabilidad en lo que afecta a cuestiones de interés insular general.

 

Lo que es peor: han pasado 23 años desde que se aprobara el PIOT del 91, el último y todavía vigente. Casi un cuarto de siglo, donde la transformación y el avance que ha experimentado Lanzarote han sido enormes y difícilmente previsibles. Concebido entonces para desclasificar camas, el Plan se elaboró sobre la base de un consenso generalizado y se ideó con la pretensión de regular el territorio durante aproximadamente una década. Pero el Lanzarote de principios de los 90 nada tiene nada que ver con el Lanzarote del S.XXI, y sin embargo nos seguimos rigiendo por una norma obsoleta, completamente inadecuada y escasamente adaptable a la nueva realidad.

 

En este sentido, bastan algunos ejemplos para entenderlo en toda su dimensión. Una muestra: el plan actual limita el desarrollo del sector primario insular, siendo en estos momentos uno de los sectores económicos clave sobre los que trata de caminar nuestra diversificación económica. Como el PIOT del 91 no permite la superposición de usos (comercial, industrial, agrícola, ganadero…), lo que a estas alturas carece de toda lógica es que en la misma zona donde se puede tener un rebaño de cabras, no se permita sin embargo establecer una industria transformadora del producto primario, o sea, una quesería. Además, la actual normativa sólo permite construir un cuarto de aperos en aquellas fincas con una superficie mínima de una hectárea, lo que en la actualidad parece no tener mucho sentido, pues a nadie se le esconde que el campo lanzaroteño, cuya propiedad ha ido pasando en herencia de padres a hijos, se ha ido fragmentando en minifundios, extensiones de tierra más pequeñas que necesitan ser atendidas y cultivadas si no queremos abocar al agro insular a su abandono.

 

Lo mismo ocurre con el establecimiento de otras industrias emergentes. En pleno debate del cambio de modelo energético por el que debe apostar la isla, hay que exponer las cosas con mucha claridad y hoy día, con la norma vigente en la mano, no se pueden instalar energías renovables. Así de claro. De forma que un nuevo plan de ordenación es absolutamente necesario para reducir la monodependencia energética de los hidrocarburos, que no sólo nos situaría a la cabeza en un nuevo modelo de desarrollo sostenible, sino que contribuiría al impulso de nuevos nichos de creación de empleo y favorecería la diversificación de nuestra economía.

 

Y ello sin contar con la posibilidad, a estas alturas ya convertida en urgente necesidad, de ordenar y posibilitar el desarrollo de infraestructuras portuarias, aeroportuarias, sanitarias o de carreteras, entre otras, así como definir la oferta de ocio complementario asociado al sector turístico.

 

Todo se queda en una entelequia: la mil veces repetida autovía del eje-norte sur, proyectada por encima de la zona industrial de Playa Honda, la posibilidad de contar con pequeños puertos deportivos en zonas como Costa Teguise, parques temáticos que añadan valor al destino, la proliferación energías limpias, de parques eólicos, instalaciones fotovoltaicas, u otras industrias como la acuicultura, además de otros sectores emergentes de desarrollo y creación de riqueza…. en fin, un largo etcétera que permanece en el mundo de las ideas sin bajar a tierra. Nada puede concretarse, y mucho menos ejecutarse. La falta de un Plan Insular ahuyenta a los inversores que empiezan ya a mirar en otras direcciones, no por la falta de interés ante las inmensas posibilidades que ofrece esta isla, sino por la por la inseguridad jurídica que la envuelve.

Lanzarote está a día de hoy literalmente estancada. En junio de 2014, el panorama no termina de despejarse. Ni siquiera se ha llevado a cabo la aprobación inicial del PIOL. Como siempre ha ocurrido con los grandes temas que afectan a la isla, la proximidad de una cita electoral a tan solo un año vista puede volver a ser de nuevo el gran obstáculo que aplace sine die el instrumento más importante, significativo y sustancial que necesita imperiosamente la isla. La mirada pequeña y cortoplacista, sujeta en muchas ocasiones a vaivenes coyunturales, puede dificultar de nuevo lograr el consenso necesario para sacar adelante este importantísimo documento estratégico, impidiéndole toda posibilidad de avance a una isla que, azotada muy duramente por la crisis de los últimos años, alberga más de un 30% de su población en paro.

 

Es vital que no termine esta legislatura sin avanzar a la siguiente fase. No nos podemos permitir ese lujo. Se estima que con la aprobación del PIOL, en un plazo de 15 años se podría duplicar el PIB de Lanzarote y situar a la isla dentro del marco de un modelo de progreso social y desarrollo sostenible real y no meramente teórico. Nos estamos jugando muy seriamente nuestro futuro conjunto y esto es una cuestión crucial que depende de todos. ¿A qué estamos esperando?


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