Extremadura y el principio del fin del ciclo Sánchez

- Lancelot Digital
La debacle del PSOE en Extremadura no es un episodio aislado ni puede despacharse como un simple desgaste autonómico. La holgada victoria del Partido Popular en uno de los feudos históricos del socialismo apunta directamente a Pedro Sánchez y refuerza la idea de que el ciclo político que encabeza el presidente del Gobierno muestra claros signos de agotamiento.
Perder cerca de quince puntos en una comunidad tradicionalmente socialista no se explica únicamente por la debilidad de un candidato o por errores de campaña. Lo sucedido en Extremadura debe leerse en clave nacional: es un castigo político al proyecto de Sánchez, a su estrategia y a una forma de gobernar que ha ido acumulando desgaste por la gestión errática de los escándalos de corrupción y los casos de acoso sexual que han salpicado al PSOE en los últimos meses.
Pero hay un elemento adicional que el propio Sánchez ha contribuido a alimentar. Durante años, el presidente ha jugado con la idea de engordar a Vox como herramienta para fragmentar el voto de la derecha y consolidar al PSOE como dique frente a la extrema derecha. El resultado empieza a volverse contra él. El "monstruo" ya no solo divide al bloque conservador, sino que también comienza a absorber voto socialista, como se ha visto con claridad en Extremadura.
Nada hace pensar que este aviso quede circunscrito a una sola comunidad. En el horizonte inmediato se celebrarán al menos tres elecciones autonómicas más en las que los sondeos y la tendencia apuntan a nuevas derrotas socialistas y a un PP al alza. Cada una de esas citas puede convertirse en otro golpe a la línea de flotación del sanchismo.
Es cierto que el PP no ha logrado aún su objetivo de gobernar sin Vox y que la aritmética parlamentaria le obliga a apoyarse en la formación de Abascal. Pero también lo es que se consolida como primera fuerza política y amplía distancias frente a un PSOE que, horas después de las elecciones extremeñas, sigue sin un relato claro ni autocrítica creíble.
Muchos en el propio entorno socialista dan ya por difícil que Pedro Sánchez pueda resistir hasta 2027 apoyándose únicamente en el argumento de que "la economía va bien". Los datos macroeconómicos pueden ser favorables, pero la percepción de la clase media y trabajadora es bien distinta: la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre cotidiana pesan más que cualquier gráfico oficial.
Extremadura puede no ser el final inmediato, pero sí parece el comienzo del fin de una era política. Y cada nueva derrota autonómica hará más difícil sostener que lo ocurrido es solo un accidente.