Fariones: cuando un hotel cambia el destino de una isla

- Lancelot Digital
- Alejandro Díaz
Hay hoteles que forman parte de un destino y hoteles que, con el tiempo, terminan formando parte de su historia. El Hotel Fariones pertenece, sin duda, a esa segunda categoría.
Cuando abrió sus puertas en 1966, Lanzarote era todavía una isla muy distinta a la que conocemos hoy y Puerto del Carmen apenas comenzaba a dibujarse como el gran destino turístico que llegaría a ser. El Fariones no llegó a un destino consolidado: ayudó decisivamente a crearlo. Fue una puerta abierta al mundo y uno de los escenarios donde nació la principal industria de la isla. Por sus habitaciones, salones y jardines pasaron generaciones de lanzaroteños, personas que asistieron en primera persona a una transformación económica y social sin precedentes.
Sesenta años después, resulta difícil entender Puerto del Carmen sin entender también lo que significó el Fariones. Pero quizá lo más importante de esta celebración no sea solamente mirar hacia atrás, sino comprobar que aquel hotel continúa siendo un referente seis décadas después. Y eso no ocurre simplemente por haber cumplido años, sino por haber sabido reinventarse.
La profunda transformación culminada en 2020 convirtió al Fariones en un establecimiento de cinco estrellas: un hotel contemporáneo que, sin embargo, conserva su vínculo esencial con el Atlántico y con Lanzarote. Detrás de esa continuidad está una familia, los Rosa, y una manera de entender la empresa que también ha evolucionado. Como explicó Raquel Rosa durante la celebración, las perspectivas del grupo han cambiado con los años y la excelencia se entiende ahora desde una mirada más vinculada a los valores de Lanzarote y de sus habitantes.
Y ahí aparece una palabra que explica buena parte de esa evolución: pertenencia. Pertenecer a una tierra significa también apostar por ella y por todo aquello que la hace diferente: sus productos, sus profesionales, sus creadores, su paisaje y su cultura. El Fariones renovado ha querido hacerlo visible apostando por el producto local y por los artistas de Lanzarote. Murales, esculturas y obras de creadores de la isla forman hoy parte de la identidad del establecimiento. No se trata solamente de decorar un hotel, sino de hacerlo dialogar con el territorio que lo acoge y de devolver a Lanzarote una parte de lo que Lanzarote ha dado durante décadas.
Esa misma filosofía permite entender otros proyectos vinculados a la familia Rosa. Y aquí aparece la figura de Juan Francisco Rosa, una personalidad empresarial rodeada de luces, sombras y controversias. Su trayectoria ha generado críticas y posiciones enfrentadas, pero también proyectos que forman parte de la realidad de la isla. Stratvs constituye un ejemplo de intervención y puesta en valor de un paisaje agrícola singular. La finca agroindustrial de Uga representa, asimismo, una apuesta por el sector primario y por la identidad rural. Antes estuvo el Princesa Yaiza, convertido igualmente en uno de los grandes referentes hoteleros de Playa Blanca y Canarias. Son proyectos diferentes, pero unidos por una misma voluntad empresarial de alcanzar la excelencia.
Y detrás de todos ellos existe algo menos visible que las fachadas, las estrellas o las cifras: una familia. Una familia que ha atravesado momentos extraordinariamente difíciles, tanto económicos como personales. Que ha conocido incertidumbres, golpes y lágrimas, y que ha tenido que afrontar situaciones que pusieron todo a prueba. Pero también una familia que ha sabido permanecer unida y encontrar fuerzas para seguir adelante.
Quizá por eso los sesenta años del Fariones no deberían celebrarse únicamente como una efeméride empresarial. Deberían celebrarse también como una historia profundamente humana. La historia de quienes llegaron al hotel cuando todo estaba por hacer. La de aquellos trabajadores que comenzaron como botones y terminaron ocupando puestos de responsabilidad. La de quienes dedicaron allí una vida entera y la de quienes hoy toman el relevo. La historia de generaciones que hicieron posible que aquel primer hotel se convirtiera en una institución de Lanzarote. Porque un hotel no es solamente un edificio, por mucho que su arquitectura pueda convertirse en símbolo. Es también la suma de las personas que lo levantaron, lo cuidaron y lo hicieron suyo durante décadas.
Sesenta años después, el Fariones sigue mirando al Atlántico desde el mismo lugar donde comenzó todo. Pero también mira hacia una isla que ha cambiado profundamente y que afronta nuevos desafíos. Su historia demuestra que el turismo puede transformar un territorio y cambiar para siempre su destino. Su presente recuerda que esa transformación debe caminar de la mano de la calidad, de la identidad y del respeto por aquello que hace de Lanzarote un lugar único. El Fariones fue pionero cuando casi todo estaba por inventar y sigue siendo referente cuando el escenario es completamente distinto. Ese quizá sea su mayor mérito: haber sabido evolucionar sin perder la memoria.