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Lanzarote parada  

 

 

 

Nadie nunca podía haberlo imaginado. Ni en la peor pesadilla de gobernantes y ciudadanos pudimos pensar, por ejemplo, que alguna vez se iban a cerrar todos los hoteles en la isla. Nunca, en el último medio siglo, el sector turístico se había tenido que enfrentar a algo así. La pandemia del Coronavirus ha golpeado fuerte los andamios económicos de Lanzarote.

 

Los datos hablan claro. Jamás los 261 hoteles y apartamentos turísticos de la isla, así como el  millar de restaurantes, amén del resto de negocios relacionados, directa o indirectamente con el turismo, se habían cerrado a la vez. Nunca. Eso supone una paralización total de la isla, ya que si algo ha demostrado la crisis del Coronavirus es la dependencia que tiene Lanzarote del sector turístico, una industria que nos ha permitido un nivel de vida impensable desde hace apenas 40 años, cierto, pero de la que somos totalmente dependientes. De hecho, tras desaparecer primero la agricultura y luego la industria pesquera y conservera, la isla sólo cuenta con el turismo como motor económico. Ahora, la isla está parada. Tan solo la construcción y los comercios de alimentación, y alguno más, están funcionando.

 

Los ERTES a los que se han acogido los hoteles están bien, pero se echan de menos medidas realmente efectivas, y no tan sólo efectistas, para el resto de los negocios de la isla. Toda esta catastrófica situación, hará desgraciadamente que Lanzarote vuelva al número de parados al que llegó en el peor momento de la crisis anterior, hacia el 2010, año en que más de un 30% de la población insular estaba desempleada. Es cierto, que gran parte de ese empleo que se destruirá se recuperará en cuanto la industria turística retome su ritmo, sobre todo, todos aquellos trabajadores que han sufrido un ERTE. Ellos recuperarán sus trabajos de aquí, a fin de año. Son afortunados, otros no lo serán tanto.

 

Los 11.000 parados que tiene hoy Lanzarote se convertirán, en esta primera etapa que llegará hasta agosto, en unos 21.000 desempleados, como poco. En cuanto el sector turístico se recupere, entre noviembre y diciembre, la población volverá a sus puestos de trabajo, y en enero, se espera que las cosas vuelvan a la normalidad.  Ese sería el mejor escenario. En el peor no queremos ni pensar.

 

 

De todo hay que aprender y de esta crisis una de las principales conclusiones es que hemos perdido muchos años en guerras y batallas que no ha servido sino para debilitar las costuras de nuestra principal industria: el turismo.