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Ni churras, ni merinas… ni irlandeses

 

 

Los irlandeses se quedan en casa. Concretamente, en sus casas. Sí, viendo como iba la cosa, y con cosa nos referimos, por supuesto, a las cifras de covid-19, han decidido que se confinan hasta el 1 de diciembre en la esperanza de tener unas buenas Navidades. O al menos, unas Navidades que puedan tener ese nombre.

 

La medida, que seguramente es estratégica y positiva para su economía como país, aquí nos hace polvo, y es que, para Lanzarote, Irlanda es un destino emisor estratégico, ya que el año pasado se posicionó en segundo puesto, en relación al número de turistas que llegan a la isla, directamente detrás del turismo británico.  Concretamente, en 2019 llegaron a la isla 310.000 turistas irlandeses. Los irlandeses adoran Lanzarote, sobre todo Puerto del Carmen, donde celebran cada año su tradicional San Patrick, beben sus cervezas favoritas, tienen sus pubs y disfrutan de nuestro buen tiempo y nuestras playas. Pero este otoño no lo harán porque su país no lo permitirá, como otros tantos, ya que, a pesar de que el número de contagiados de las islas es mucho menor que el de la mayoría de los destinos de Europa, no nos ven como un destino seguro. ¿Cómo es posible? ¿Será que algo no se está haciendo bien?

 

Entre tanto, aquí andamos contando que si churras, que si merinas. Que si hacemos PCR en origen y destino, que si corredores turísticos para contar con un turismo seguro… y venga a bajar y reducir las cifras de contagiados. Estamos doblando la curva. Estupendo. Muchas felicidades a todos los conejeros que, sin embargo, ven como su economía mengua y sus esperanzas de una futura recuperación se caen por los suelos.

 

Lanzarote está asfixiada y entre tanto los gobiernos de Pedro Sánchez y Ángel Víctor Torres, cada uno a su manera y cada uno con su parte de culpa, están a verlas venir. Pero, venir, venir, no vienen. No viene nadie. Solo pateras, eso sí. 200 inmigrantes al día llegaron a las Islas Canarias en la última semana.

 

Si no queda muy claro que Canarias tiene un gran problema, y Lanzarote, por tanto, uno aún mayor. Es que no están mirando de la manera adecuada, ni al sitio que deben mirar.

 

 

La urgencia es pasado. Ahora ya estamos en estado terminal y necesitamos que alguien tome las riendas de este barco a la deriva, donde todos los capitanes parecen haber saltado por la borda y miran, desde lejos, desde una balsa salvavidas, cómo nos hundimos.

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