Lunes, 19 Octubre 2026
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Papagayo no puede morir de éxito

  • Lancelot Digital

 

Hay propuestas políticas que merecen ser valoradas por su contenido, al margen de quién las formule y de las discrepancias que puedan existir con sus promotores. La iniciativa del diputado de Nueva Canarias-Bloque Canarista, Yone Caraballo, para limitar el acceso de vehículos al Monumento Natural de Los Ajaches, especialmente a las playas de Papagayo, es una de ellas. Una formación acostumbrada en ocasiones a recurrir a discursos de trazo grueso parece acertar esta vez al señalar un problema evidente y plantear posibles soluciones. Porque la presión sobre los espacios naturales de Lanzarote ha dejado de ser una preocupación exclusiva de ecologistas y especialistas para convertirse en una inquietud cada vez más extendida entre la población.

El debate no es nuevo, pero empieza a ser inaplazable. Papagayo, las Grietas, las Dunas de Famara o el entorno del Volcán del Cuervo son ejemplos de lugares cuyo atractivo natural los convierte, paradójicamente, en víctimas de su propio éxito. El incremento de visitantes y, sobre todo, la acumulación de vehículos en determinados momentos del año obliga a preguntarse si estamos gestionando adecuadamente un patrimonio que no es ilimitado. No se trata de cuestionar el turismo ni de levantar barreras contra quienes nos visitan, sino de comprender que la conservación del territorio debe estar por encima de la tentación de medir el éxito únicamente por el número de personas que llegan a cada enclave.

En este contexto, el Cabildo de Lanzarote, presidido por Oswaldo Betancort, ha comenzado a adoptar medidas prácticas que apuntan en la dirección correcta. La regulación de las visitas al Volcán del Cuervo y la ordenación de los accesos al Espacio Natural de Los Volcanes muestran que es posible intervenir para evitar la saturación. También la informatización de las reservas en la Cueva de los Verdes, y el camino que se plantea para las Montañas del Fuego, evidencian que gestionar las visitas exige planificación, control y herramientas adaptadas a la demanda. Son decisiones que pueden generar dificultades e incluso condicionar el volumen de visitantes, pero precisamente ahí reside la responsabilidad de gobernar: en tomar medidas necesarias, aunque no siempre resulten cómodas para todos los intereses implicados.

La propuesta de Caraballo para Papagayo merece, por tanto, ser estudiada sin prejuicios. Reducir el límite de vehículos de no residentes, establecer reservas anticipadas mediante internet y códigos QR, y determinar cuántos coches puede soportar este espacio protegido son medidas razonables para abrir un debate serio. Más aún cuando el propio consejero de Medio Ambiente del Cabildo, Samuel Martín, ha coincidido en la necesidad de limitar el acceso de vehículos, especialmente durante los periodos de mayor afluencia, como el verano y posiblemente la Semana Santa. Cuando representantes de distintas formaciones empiezan a converger en el diagnóstico, lo sensato es dejar a un lado el cálculo partidista y concentrarse en encontrar la mejor solución posible.

Eso sí, limitar por limitar tampoco sería suficiente. Antes de fijar cifras definitivas, resulta imprescindible contar con un estudio riguroso de capacidad de carga e impacto ambiental, que determine qué presión puede soportar Los Ajaches sin comprometer sus valores naturales. La regulación debe responder a criterios ambientales objetivos, garantizar la conservación de la biodiversidad y contemplar mecanismos de seguimiento y revisión. También debe aclarar cómo se aplicarán las restricciones, qué alternativas de movilidad se ofrecerán y cómo se garantizará un acceso razonable a la población residente. El objetivo no puede ser simplemente repartir mejor los coches a lo largo del día, sino reducir los impactos cuando la capacidad del espacio esté realmente comprometida.

 


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