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Peligro real de volver a la historia más negra de la política lanzaroteña


Por lo que parecen apuntar los sondeos, tras las elecciones del próximo 24 M, en Lanzarote no sólo se abre un panorama incierto con la posible entrada de una multitud de fuerzas políticas en las instituciones, sino lo que es aún peor, podríamos volver de nuevo al pasado y revivir otra vez episodios de caos e ingobernabilidad que fueron los que caracterizaron la época más negra de la historia política democrática de esta isla. Ya lo decía Cicerón, “los pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla”. La memoria es frágil, pero justo en un momento donde Lanzarote apenas empieza a vislumbrar la luz al final del túnel de una crisis que afecta aún a 16.000 lanzaroteños en paro, no podemos olvidar cómo estaba la isla, el Cabildo y los ayuntamientos, hace no tanto tiempo.

 

En los últimos años las instituciones lanzaroteñas han gozado de una estabilidad desconocida hasta hace relativamente poco, lo que ha permitido (contrariamente a lo que se pueda creer) que las consecuencias de la durísima crisis que hemos padecido se hayan amortiguado y que no hayan sido aún peores de lo que hubieran sido si Lanzarote hubiera seguido inmersa en la perenne inestabilidad en la que se veía envuelta.

 

Precisamente en virtud de este corto periodo de estabilidad de gobierno, interrumpido otra vez hace un par de meses como una pesadilla de vuelta a la inestabilidad que ojalá no vuelva a repetirse, el Cabildo de Lanzarote ha podido resolver algunos de los grandes problemas pendientes que llevaban atascados durante años. Aunque aún quedan importantísimos asuntos de calado a los que dar respuesta (de ahí la importancia de consolidar la frágil estabilidad que se avecina), lo cierto es que también por primera vez la primera institución insular se ha convertido en el motor de impulso económico y ha liderado las inversiones públicas, que junto con la iniciativa privada, se han llevado a cabo durante los últimos años en la isla, tras años de parálisis y estancamiento.

 

Porque hay que recordar lo que era Lanzarote hasta no hace tanto tiempo. Y que no siempre nuestras instituciones han gozado de la estabilidad en la que están inmersas ahora, gracias a la responsabilidad de la que han hecho gala muchos de nuestros gobernantes, una nueva clase política que ha sabido entender que los intereses de partido siempre están por debajo de los intereses de la población. ¿Quién no recuerda, por poner un ejemplo, que el Ayuntamiento de San Bartolomé fue durante muchos años el paradigma de la inestabilidad y ejemplo del caos, con la anécdota de rocambolesco encierro de un alcalde resistiéndose a perder el sillón incluido? ¿O acaso no recordamos que, en apenas dos décadas el Cabildo de Lanzarote tuvo nada menos que 13 presidentes? ¿O todavía hace falta recordar la situación de ruina y presunto saqueo a la que se vio sometida Inalsa, que dejó, nada más y nada menos, que 50 millones de euros de deuda? ¿O ya hemos olvidado la carga insoportable para el conjunto de los lanzaroteños de unos Centros Turísticos pésimamente gestionados, por utilizar un eufemismo moderado.

 

Lanzarote ya votó el cambio hace cuatro años

 

Dicen los expertos que a nivel nacional las últimas encuestas del CIS, con la caída de los partidos tradicionales y la emergencia de nuevas fuerzas, vaticinan un cambio de ciclo. Pero en Lanzarote el cambio de ciclo comenzó en las pasadas elecciones de 2011, cuando los lanzaroteños propinaron un varapalo y un durísimo castigo electoral a quienes representaban la demagogia y estas viejas y caducas formas de hacer política que ya nadie quiere. ¿O todavía hay que recordar cómo bajo supuestos argumentos ecologistas y de interés general durante años y años se han beneficiado siempre los mismos, unos pocos, que han impedido inversiones y grandes obras en la isla que hubieran situado a Lanzarote en el primer nivel de progreso? ¿Hay que recordar los falsos debates en los que ha estado sumida la isla que han llevado a que no tengamos todavía un Plan Insular, un Plan General de Arrecife, un Plan Especial de La Geria adecuado o un Palacio de Congresos en condiciones como ya tienen el resto de islas?

 

La población está cabreada y es lógico. Quiere un cambio y muchos piensan que la situación peor ya no puede estar. Pero reflexionemos el sentido del cambio porque la situación de la isla no sólo podría no mejorar, sino que incluso podría empeorar todavía más en un momento que se necesita más que nunca estabilidad y seguridad jurídica para atraer inversiones y dinamizar el movimiento económico. Estamos, de hecho, en el momento crucial y más importante de los últimos años donde las fuerzas políticas tienen que tener la capacidad política de pactar; se necesitan mayorías de gobierno consolidadas, maduras y estables que permitan no paralizar el rumbo marcado hacia la recuperación. Ha costado mucho arrancar los motores, y aún no están a pleno rendimiento. Y ha costado mucho desenmascarar a los falsos profetas y supuestos salvadores de esta isla. Lanzarote ya votó el cambio hace cuatro años. Ahora sólo hace falta consolidarlo. No podemos volver a revivir los episodios más negros de inestabilidad y parálisis que esta isla padeció durante décadas. Hay 16.000 personas en paro. Muchas familias pasándolo mal. Y mucha gente que necesita esperanza y confianza en el futuro.

 

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