Miércoles, 18 Febrero 2026
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  • Lancelot Digital

 

El PSOE y Nueva Canarias han decidido que el traslado provisional del servicio geriátrico del Hospital Insular es la excusa perfecta para montar un drama político de sobremesa. Donde hay un problema estructural real y una solución técnica inevitable, ellos ven un escenario ideal para el populismo más burdo: agitar emociones, simplificar la realidad y señalar culpables... siempre que no sean ellos mismos.

Porque conviene recordar —aunque a algunos les dé urticaria— que las graves deficiencias del viejo edificio del Insular no aparecieron ayer. Llevan años documentadas en informes y advertencias que se acumularon durante el tiempo en que el PSOE gobernaba en Canarias y también en el Cabildo de Lanzarote, bajo el paraguas del llamado Pacto de Las Flores y con Ángel Víctor Torres al frente del Ejecutivo autonómico. Entonces, silencio. Hoy, histeria.

La pregunta es sencilla: ¿por qué no hicieron nada cuando podían hacerlo? La respuesta, menos cómoda, apunta a una combinación clásica de dejadez y cálculo electoral. Mejor no tocar nada que genere ruido, aunque el edificio se caiga a trozos. Mejor dejar el problema para el siguiente y, llegado el momento, acusarlo de insensible. Manual básico de la oposición irresponsable.

Ahora que el Servicio Canario de Salud decide trasladar provisionalmente a los pacientes a un edificio nuevo, anexo al Hospital Universitario Doctor José Molina Orosa, PSOE y NC activan la maquinaria del sentimentalismo. Hablan de "desarraigo", de "abandono", de "expulsar a los viejillos", como si se los fuera a enviar a una nave industrial sin ventanas y no a una infraestructura moderna, segura y sanitaria.

El argumento estrella roza el esperpento: como en los presupuestos de 2026 no figura una partida concreta para reformar el viejo Insular, concluyen —con esa lógica implacable tan propia del populismo— que el plan secreto es cerrar el geriátrico para siempre. Una conspiración digna de serie barata, pero útil para sembrar miedo entre familiares y pacientes.

Nada importa que se haya reiterado que el servicio geriátrico se mantendrá y se reforzará. Nada importa que se barajen opciones futuras incluso mejores. Para el PSOE y NC, el geriátrico no es un servicio sanitario, es un decorado. Lo esencial no es cómo se cuida a los mayores, sino dónde hacer la foto y desde qué balcón lanzar el discurso lacrimógeno.

Así, el continente se convierte en dogma y el contenido en estorbo. Prefieren un edificio viejo, desconchado y estructuralmente inseguro si eso les permite seguir explotando la nostalgia. Mejor la épica del abandono que la prosa de la gestión. Mejor el ruido que la responsabilidad.

Por eso evitan el debate sereno y público. El contraste de datos, plazos y alternativas no les interesa. Se mueven mejor en el terreno de la insinuación, la media verdad y el bulo emocional. En ese mar revuelto, creen pescar votos.

Pero convendría decirlo claro: utilizar a nuestros mayores como arma arrojadiza es una línea roja moral. Quien hoy grita "escándalo" es el mismo que ayer no movió un dedo. Y eso no es defensa del geriátrico; es oportunismo político. Aparenta ser los defensores de los mayores cuando nada hicieron por mejorar entonces sus condiciones y lo peor, no dejan que otro lo hagan.


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