EDITORIAL: Sánchez y su discurso agotado que trata de reactivar con la vivienda

- Lancelot Digital
Pedro Sánchez ha pulsado el botón electoral. El 29 de noviembre los españoles volverán a las urnas para decidir si quieren prolongar esta etapa política o abrir otra. Lo hace después de una legislatura agotada desde hace meses, sostenida a duras penas por una aritmética parlamentaria cada vez más difícil y marcada por una sucesión de escándalos e investigaciones que han afectado al entorno del PSOE y del Gobierno: del caso Koldo y Ábalos a las investigaciones sobre Leire Díez y las pesquisas que han alcanzado al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. No todos los casos tienen la misma naturaleza ni están en la misma fase judicial, pero el desgaste político es evidente.
La intervención de Sánchez ha tenido mucho de manual electoral: polarizar al máximo, dividir el tablero entre buenos y malos y presentar las elecciones como una batalla entre dos bloques. Una estrategia conocida que tiene una ventaja: permite hablar menos de aquello que sigue sin resolverse. La vivienda es el mejor ejemplo. España necesita cientos de miles de nuevas viviendas y, sin embargo, seguimos acumulando promesas, anuncios y decretos. El Banco de España calcula un déficit de unas 750.000 viviendas respecto a la creación de hogares entre 2021 y 2025. Prometer vivienda se ha convertido en una especialidad electoral. Construirla, bastante menos.
Y ahí aparece la paradoja: la caída de los decretos de vivienda puede haber terminado provocando justamente aquello que Sánchez llevaba meses intentando evitar. El Congreso le ha cerrado una puerta y el presidente ha abierto la de las urnas. El gato que se aferraba a la Moncloa para no caer al precipicio ha decidido finalmente saltar hacia las elecciones.
La estrategia parece sencilla: conservar el núcleo electoral socialista, intentar crecer algo y confiar en que la derecha se fragmente. Si el PP pierde terreno en favor de Vox, el escenario parlamentario puede volver a ser complejo. Pero esa operación ya no depende de Sánchez. La última palabra la tendrán los ciudadanos.
Canarias juega otro partido
Canarias afronta estas elecciones con una dificultad añadida. Coalición Canaria sabe que las generales nunca son su terreno más cómodo. En 2023 obtuvo 175.198 votos en las autonómicas y 114.718 en las generales: más de un tercio menos. Cuando España vota pensando fundamentalmente en Sánchez, PP y Vox, el espacio para una fuerza nacionalista se estrecha.
En Lanzarote, el reto es todavía mayor. El PSOE parte de una base electoral sólida y su candidato al Senado fue el más votado en 2023. El PP necesita acertar con un candidato capaz de competir y generar ilusión. Y CC debería plantearse algo parecido: un perfil fresco, joven, con recursos dialécticos y recorrido político; alguien que no llegue para administrar una derrota, sino para dar la batalla y mantener alta la moral de la tropa.