Viernes, 13 Marzo 2026
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grifo de agua

  • Lancelot Digital

 

Da verdadera vergüenza comprobar hasta dónde llega la inmadurez de cierta oposición en Lanzarote. El PSOE y sus aliados han decidido que la estrategia política más eficaz no es debatir, ni explicar, ni proponer alternativas. No. Lo más rentable es gritar, lanzar titulares alarmistas y jugar con el miedo de la ciudadanía mientras el servicio más básico de la isla —el agua— pende de un hilo.

El presidente del Cabildo, Oswaldo Betancort, ha iniciado un proceso lógico y necesario: negociar con nuevas empresas y actualizar unas tarifas que llevan congeladas casi 15 años. Una subida mínima, perfectamente justificada por el aumento de costes en combustible, desalación y mantenimiento, que supondría, como mucho, dos euros más al mes para la mayoría de las familias. Sí, dos euros. Pero eso, para los populistas, es suficiente para montar un circo político.

El populismo tiene una regla simple: lo que asusta gana votos, aunque destruya servicios. Y el PSOE la aplica al pie de la letra: criticar cualquier ajuste necesario, convertir un procedimiento administrativo en una “subida abusiva” y, de paso, sembrar la confusión sobre la viabilidad del suministro de agua. Todo con el objetivo de desgastar políticamente a quien toma decisiones responsables.

Resulta irónico que se acuse a Canal Gestión Lanzarote de “querer ganar dinero” cuando acumula más de 100 millones de euros en pérdidas en estos trece años. Pero qué más da la lógica o la contabilidad cuando lo que importa es hacer ruido. Mejor que falle el sistema, que haya cortes y que todo colapse, mientras ellos pueden gritar “¡lo sabíamos!” desde la tribuna de la demagogia.

El debate real no es si suben dos euros. El debate real es si Lanzarote quiere agua cuando abre el grifo, o aire. Si quiere un sistema sostenible, eficiente y que pueda adaptarse a los costes reales, o un titular fácil que arruine la gestión pública y privada por igual. La respuesta es obvia: quienes gobiernan tienen que tomar decisiones difíciles; quienes critican, tienen que dejar de vivir en el mundo de la fantasía populista.

Subir el agua no es un capricho. No es un regalo a la empresa. No es un pecado político. Es responsabilidad, sentido común y valentía para enfrentarse a quienes prefieren el aplauso fácil a la sostenibilidad del servicio. Lanzarote merece dirigentes que gobiernen, no partidos que jueguen con su futuro como si fuera un balón en un patio de colegio. Sobre todo, cuando fue el PSOE y el PIL, cuando gobernaban juntos quienes llevaron a la ruina a la empresa pública Inalsa, cosa que ellos obvian y olvidan intencionadamente.

 


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